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Artículo publicado por Christine Pulliam el 7 de junio de 2016 en CfA

Nuestro planeta consiste en rocas de silicatos y un núcleo de hierro con el recubrimiento de una fina capa de agua y vida. Pero los primeros mundos potencialmente habitables podrían haber sido muy diferentes. Una nueva investigación sugiere que la formación planetaria en los inicios del universo podría haber creado planetas de carbono que estuviesen formados por grafito, carburos, y diamantes. Los astrónomos podrían encontrar estos mundos de diamante buscando una rara clase de estrellas.

Planeta de diamante

Planeta de diamante Crédito: Haven Giguere

“Este trabajo demuestra que incluso estrellas con una minúscula fracción del carbono del Sistema Solar pueden albergar planetas”, dice la autora principal del estudio y estudiante graduada en la Universidad de Harvard, Natalie Mashian.

“Tenemos buenas razones para creer que la vida alienígena estaría basada en el carbono, como la de la Tierra, por lo que también es una buena posibilidad para la vida en los inicios del universo”, añade.

El universo primigenio consistía, principalmente, en hidrógeno y helio, y carecía de elementos químicos como el carbono y el oxígeno, necesarios para la vida como la conocemos. Sólo después de que estallasen las primeras estrellas como supernovas, y sembraran la segunda generación, empezó a ser posible la formación de planetas y la vida.

Mashian y su director de tesis Avi Loeb (del Centro Harvard-Smithsonian para Astrofísica) examinaron una clase concreta de viejas estrellas conocidas como estrellas pobres en metal con aumento de carbono, o estrellas CEMP. Estas estrellas anémicas sólo contienen una cienmilésima parte del hierro que contiene el Sol, lo que significa que se formaron antes de que el espacio interestelar hubiese sido sembrado con elementos pesados.

“Estas estrellas son fósiles procedentes del joven universo”, explica Loeb. “Mediante su estudio, podemos observar cómo se iniciaron los planetas y, posiblemente, la vida en el universo”.

Aunque carecen de hierro y otros elementos pesados en comparación con nuestro Sol, las estrellas CEMP pueden tener más carbono de lo que se esperaría dada su edad. Esta abundancia relativa influiría en la formación planetaria, dado que los granos de polvo de carbono se agrupan para formar mundos completamente oscuros.

Desde la distancia, estos planetas de carbono serían difícilmente diferenciables de los mundos similares a la Tierra. Sus masas y tamaños físicos serían similares. Los astrónomos tendrían que examinar las atmósferas buscando señales de su verdadera naturaleza. Los gases como el monóxido de carbono y el metano envolverían a esos inusuales mundos.

Mashian y Loeb defienden que una búsqueda centrada en planetas alrededor de estrellas CEMP puede hacerse usando la técnica de tránsito. “Éste es un método práctico para descucrir cómo se formaron los primeros planetas en el joven universo”, comenta Loeb.

“Nunca sabremos si existen, a menos que los busquemos”, añade Mashian.

Esta investigación se ha aceptado para su publicación en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society y está disponible en línea.

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