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Artículo publicado por David Salisbury el 9 de mayo de 2016 en la Universidad de Vanderbilt

Lo sentimos por los amantes de los extraterrestres, pero los resultados de un nuevo estudio hacen que sea menos probable que KIC 8462852, popularmente conocida como la estrella de Tabby, sea el hogar de unos laboriosos alienígenas que están gradualmente encerrándola dentro de una enorme cobertura conocida como esfera de Dyson.

Enjambre de cometas alrededor de KIC 8462852

Enjambre de cometas alrededor de KIC 8462852 Crédito: NASA

El interés público en la estrella, que se sitúa a 1480 años luz de distancia en la constelación de Cygnus, dio comienzo el pasado otoño cuando la astrónomo de Yale Tabetha (Tabby) Boyajian y sus colegas publicaron un artículo en arXiv informando de que planet hunters – un grupo de científicos ciudadanos formado para buscar exoplanetas en los datos procedentes del telescopio espacial Kepler – había hallado unas fluctuaciones inusuales en la luz procedente de la por otra parte corriente estrella de tipo T (ligeramente más grande y caliente que el Sol).

La más notable de estas fluctuaciones consistía en una docena de bajadas desiguales, y de apariencia no natural, que se dieron durante un periodo de 100 días, lo que indicaba que un gran número de objetos de forma irregular había pasado por delante de la estrella, bloqueando temporalmente parte de la luz procedente de la misma.

El interés de los medios se hizo viral el pasado octubre cuando un grupo de astrónomos de la Universidad Estatal de Pennsylvania publicaron un borrador que citaba la “extraña curva de luz” de KIC 8462852 como “coherente con” un enjambre de megaestructuras construidas por alienígenas.

Esta atención provocó que el Instituto SETI apuntase el Allen Telescope Array sobre la estrella para ver si podían detectar alguna señal de radio que indicase la presencia de una civilización alienígena. En noviembre informaron de que “no había pruebas” de señales con un origen artificial.

Luego, un estudio publicado en enero por un astrónomo de la Universidad Estatal de Louisiana (LSU) arrojó más leña al fuego de la especulación alienígena al anunciar que el brillo de la estrella de Tabby había disminuido un 20 por ciento a lo largo del último siglo: un hallazgo particularmente difícil de explicar mediante medios naturales, pero coherente con la idea de que los alienígenas estaban gradualmente convirtiendo el material del sistema planetario de la estrella en una megaestructura gigante que ha estado absorbiendo cada vez más cantidad de energía procedente de la estrella durante más de un siglo. Dicho estudio se ha aceptado para su publicación en la revista Astrophysical Journal.

Sin embargo, un nuevo estudio – también revisado por pares y aceptado para su publicación en Astrophysical Journal – ha revisado en detalle las observaciones en las que se basa el estudio de la LSU, y concluye que no hay pruebas creíbles de que el brillo de la estrella haya cambiado regularmente durante este periodo.

Cuando se publicó el estudio de la LSU en el servidor de ArXiv, captó la atención del estudiante de doctorado de la Universidad de Vanderbilt Michael Lund debido a que estaba basado en datos de una fuente única: Digital Access to a Sky Century @ Harvard. DASCH consta de más de 500 000 placas de vidrio fotográficas tomadas por los astrónomos de Harvard entre 1885 y 1993, que la universidad está digitalizando. Lund estaba preocupado porque la aparente atenuación de 100 años de la estrella de Tabby fuese el resultado de las observaciones realizadas por una variedad de distintos telescopios y cámaras usados durante el siglo pasado.

Lund convenció a su director de tesis, el Profesor de Física y Astronomía Keivan Stassun, y a un colaborador habitual de la Universidad de Lehigh, el astrónomo Joshua Pepper, de que merecía la pena evaluar  la pregunta. Tras iniciar el estudio, el grupo de Vanderbilt/Lehigh descubrió que otro equipo – el astrónomo aficionado alemán Michael Hippke y el becario de posdoctorado de la NASA Daniel Angerhausen – estaban llevando a cabo una investigación similar. Ambos equipos decidieron colaborar en el análisis, que escribieron y enviaron a la revista Astrophysical Journal.

“Siempre que haces investigación en los archivos que combinan distintas fuentes de información, existen límites a la precisión de los datos que debes tener en cuenta”, comenta Stassun. “En este caso, revisamos las variaciones de brillo de un número de estrellas comparables en la base de datos de DASCH, y hallamos que muchas de ellas experimentaban un descenso similar de intensidad en la década de 1960. Esto indica que la bajada se debe a cambios en la instrumentación, no a cambios en el brillo de la estrella”.

Incluso si los alienígenas no están implicados, la estrella de Tabby sigue siendo “la estrella más misteriosa del universo”, tal como la describió Boyajian en una charla TED que dio el pasado febrero.

Los buscadores de planetas detectaron por primera vez algo inusual en la curva de luz de la estrella en 2009. Encontraron un descenso de un 1 por ciento que duró una semana. Esto es comparable a la señal que produciría un planeta del tamaño de Júpiter pasando frente a la estrella. Pero los planetas producen descensos simétricos y el hallado es, sin duda, asimétrico, como si estuviese producido por un objeto de forma irregular como un cometa.

La luz procedente de la estrella permaneció estable durante dos años y luego, súbitamente, descendió un 15% durante una semana.

Pasaron otros dos años sin incidentes pero, en 2013, la estrella empezó a parpadear con una serie de complejas, irregulares y poco naturales atenuaciones que duraron 100 días. Durante la más profunda de estas disminuciones, la intensidad de la luz bajó un 20 por ciento. De acuerdo con Boyajian se necesitaría un objeto con 1000 veces el área de la Tierra transitando a la lejana estrella para producir un efecto tan drástico.

“Los datos de Kepler contienen otros casos de disminuciones irregulares como ésta, pero nunca en un enjambre similar”, comenta Stassun.

Boyajian y sus colegas consideraron un número de posibles explicaciones, incluyendo variaciones en la emisión estelar, el resultado de una colisión planetaria del tipo Tierra/Luna, cúmulos de polvo interestelar que pasan entre la estrella y la Tierra, y algún tipo de perturbación por una aparente compañera enana de la estrella. Sin embargo, ninguno de estos escenarios podía explicar todas las observaciones. Su mejor opción es que un cometa gigante se fragmentó en una cascada de miles de cometas menores. (Esta hipótesis sufrió un revés cuando se anunció el estudio de la LSU, ya que no podía explicar una atenuación de un siglo de duración).

“¿Qué significa esto para el misterio? ¿No son los alienígenas? ¡Probablemente no! Aun así, los descensos hallados por Kepler son reales. Algo debe estar transitando frente a la estrella ¡y aún no tenemos ni idea de lo que es!”, resume Hippke.

El telescopio Kepler no sigue recopilando datos en la región de Cygnus, pero Hippke informa de que el misterio ha cautivado la imaginación de astrónomos aficionados de todo el mundo, por lo que miles de ellos están apuntando sus telescopios hacia la estrella de Tabby, captando imágenes y enviándolas a la Asociación Americana de Observadores de Estrellas Variables, con la esperanza de detectar más disminuciones que arrojen nueva luz sobre este misterio celestial.

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