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Artículo publicado el 5 de abril de 2016 en el Instituto Max Planck

Cómo los sacrificios humanos rituales ayudaron a crear unas sociedades desiguales.

Los sacrificios humanos rituales desempeñaron un papel central ayudando a aquellos en la cima de la jerarquía social a mantener el poder sobre los que estaban por debajo. Éste es el hallazgo clave de un estudio publicado hoy en la revista Nature. Investigadores de la Facultad de Psicología de la Universidad de Auckland, del Instituto Max Planck para Ciencias de la Historia Humana, en Alemania, y de la Universidad Victoria, querían poner a prueba el vínculo entre lo desigual, o jerárquica, que era una cultura – lo que se conoce como estratificación social – y los sacrificios humanos.

human sacrifice

Sacrificio humano

“La religión se ha visto tradicionalmente como una guía de moralidad y cooperación, pero nuestro estudio ha hallado que los rituales religiosos tenían también un papel más siniestro en la evolución de las sociedades modernas”, señala el autor principal del estudio, Joseph Watts, de la Universidad de Auckland.

El equipo de investigación usó métodos computacionales derivados de la biología evolutiva para analizar datos históricos procedentes de 93 culturas ‘austronesias’. La práctica de los sacrificios humanos estaba extendida por toda Austronesia: 40 de las 93 culturas incluidas en el estudio practicaron alguna forma de asesinato humano ritual. El término austronesio  se refiere a una gran familia de lenguajes cuyo país de origen es Taiwán y cuya distribución abarca gran parte del Océano Índico y partes del Pacífico. Las culturas austronesias forman una especie de laboratorio natural para los estudios interculturales, dado que tienen una enorme variedad de religiones, lenguajes, tamaños y formas sociales, y se sitúan en distintas regiones climáticas y geográficas.

Los métodos de asesinato ritual en estas culturas eran diversos y, a veces, extremadamente crueles. La razón para estas muertes eran, por ejemplo, el enterramiento de un jefe, la inauguración de un nuevo barco, o una casa, o el castigo por la violación de las tradiciones o  tabúes. Las víctimas normalmente pertenecían a un estatus social bajo, como esclavos, aunque los instigadores normalmente eran de una capa social superior, como sacerdotes o jefes.

El estudio dividió las 93 culturas distintas en tres grupos principales de estratificación social alta, moderada, o baja. Se encontró que las culturas de alto nivel de estratificación era más probable que practicasen sacrificios humanos (67%, o 18 de 27). De las culturas con una estratificación moderada, el 37% usó sacrificios humanos (17 de 46) y las sociedades más igualitarias eran las menos propensas a practicar el sacrificio humano (25%, o 5 de 20).

“Mediante el uso del sacrificio humano para castigar las violaciones de los tabúes, desmoralizar a las clases bajas, e infundir miedo a las élites sociales, los poderosos lograban mantener y construir un control social”, señala Joseph Watts.

Russell Gray, Director del Departamento de Lingüística y coautor del estudio, señala que “el sacrificio humano proporcionó un medio particularmente efectivo de control social, debido a que proporcionaba una justificación sobrenatural para el castigo. Los gobernantes, tales como jefes o sacerdotes, a menudo creían que eran descendientes de los dioses, y los sacrificios humanos rituales eran de demostración definitiva de su poder”.

Un rasgo único de la investigación fue que el uso de los métodos tomados de la evolución computacional permitieron al equipo reconstruir la secuencia de cambios en los sacrificios humanos y el estatus social a lo largo de la historia en el Pacífico. Esto permitió al equipo poner a prueba si el sacrificio precedió o siguió a los cambios en el estatus social.

El coautor, Quentin Atkinson, señala que: “Lo que hemos encontrado es que el sacrificio era la fuerza motriz, haciendo que las sociedades fuesen más propensas a adoptar estatus sociales altos y menos a volverse una estructura social igualitaria”.

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