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Artículo publicado por Mindy Weisberger el 1 de marzo de 2016 en Scientific American

Traducción realizada por Virginia Basgall

Una criatura semejante a un crustáceo, que vivió durante el período Cámbrico, dejó rastros de un sistema nervioso central que se extendía por todo el cuerpo, con visibles acumulaciones de tejido.

Los fósiles de una antigua criatura parecida a un camarón con una cabeza blindada contienen el sistema nervioso más antiguo y mejor conservado que se ha encontrado, el cual podría ayudar a los científicos a descifrar la evolución de los sistemas nerviosos en animales vivos hoy en día, de acuerdo a un nuevo estudio.

Chengjiangocaris kunmingensis

Chengjiangocaris kunmingensis Crédito: Jie Yang (Yunnan University, China)

Los extraordinarios restos pertenecían al Chengjiangocaris kunmingensis, una criatura similar a un crustáceo, que vivió hace 520 millones de años en lo que hoy es el sur de China. Los fósiles revelaron un largo sistema nervioso central, parecido a un cable, que se extendía por todo el cuerpo, con acumulaciones visibles de tejido nervioso dispuestos a lo largo del cordón, como cuentas enhebradas en un hilo. Incluso se podrían detectar estructuras nerviosas individuales, revelaron los científicos.

Observaron que las masas de tejido nervioso, o ganglios, decrecieron progresivamente a lo largo del sistema nervioso central, siendo las masas más pequeñas las más distantes de la cabeza del C. kunmingensis. Los investigadores también encontraron que los ganglios se asociaron con pares de patas, que también se redujeron de tamaño a medida que avanzaban a lo largo del cuerpo del animal.

Otras estructuras en el sistema nervioso del C. kunmingensis — docenas de nervios que surgieron a intervalos regulares desde el sistema nervioso cerca de la parte inferior del cuerpo —  se parecían a las que se encuentran en ciertos tipos de gusanos modernos, pero no aparecen en los artrópodos, ofreciendo pistas a los científicos sobre cómo se adaptaron los sistemas nerviosos conforme evolucionaron diferentes formas de vida de estos mencionados linajes.

Los antepasados de los artrópodos

Los C. kunmingensis vivieron durante el Cámbrico, período geológico en la Tierra en el que la vida se diversificaba rápidamente, y pertenecieron a un grupo de antepasados de los artrópodos llamados Fuxianhuia. Estos precursores de los insectos, los arácnidos, y los crustáceos tenían cabezas blindadas y cuerpos largos y segmentados encima de numerosos pares de patas — con tres o cuatro pares por segmento. Estas criaturas probablemente se escabullían en el fondo del mar, llevando la comida a la boca con un par de extremidades más grandes cerca de sus cabezas, según el estudio del coautor Javier Ortega-Hernández, biólogo del Departamento de Zoología de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido.

“Algunos de los individuos más grandes podían alcanzar hasta 15 centímetros (6 pulgadas) de largo, ¡y tenían al menos 80 patas!”, le dijo Ortega-Hernández a Live Science en un correo electrónico.

Pero hasta ahora, se sabía poco sobre su aspecto interior. Los fósiles normalmente proporcionan a los científicos registros de huesos, dientes, conchas, y otras estructuras orgánicas duras, mientras que los tejidos blandos, en general, se desintegran demasiado rápidamente para ser conservados, y se pierden con el tiempo. Pero, a veces, prevalecen las condiciones que protegen los órganos más delicados, permitiéndoles también fosilizarse.

De acuerdo a Ortega-Hernández, el área Xiashiba en Kunming, sur de China, donde se encontraron los especímenes, es “famoso mundialmente” por preservar fósiles de tejidos blandos. Explicó que los animales quedaron enterrados en el sedimento fino en un entorno pobre en oxígeno, que protegería la carcasa de carroñeros y microbios, ralentizando o incluso deteniendo la descomposición.

“Con el tiempo, las carcasas se convierten en restos fósiles, y la limitada descomposición permite la conservación de asombrosos detalles morfológicos”, dijo.

“Nos quedamos boquiabiertos”

Estudios anteriores de este período describen fósiles que dejaron constancia de estos encéfalos de los antepasados de los artrópodos, pero este estudio es el primero en describir un sistema nervioso completo de este tiempo antiguo, y con un nivel de detalle que nunca antes se había visto, expresaron los investigadores.

Cuando los científicos observaron de cerca las masas de los ganglios, divisaron fibras que medían alrededor de cinco milésimas de milímetro de largo—”menos que [el ancho de] un cabello humano”, afirmó Ortega-Hernández.

“Nos quedamos boquiabiertos cuando pusimos los especímenes bajo el microscopio y observamos los finos nervios en los lados”, dijo a Live Science. “Resultaba difícil creer que algo tan pequeño se preservaría junto con el sistema nervioso principal, pero aún más debido a que muestran una organización única que es, por lo demás, desconocida en artrópodos vivos”.

Esta organización — sistema nervioso, ganglios y decenas de nervios que se extienden a cada lado — es similar a los sistemas neuronales de los artrópodos modernos, afirmó Ortega-Hernández. Sin embargo, en los artrópodos vivos  actuales, el número de nervis finos es significativamente menor, añadió.

El número de estos nervios es mayor en gusanos de terciopelo — primos de los artrópodos — lo que sugiere que esta función se remonta al último ancestro común de estos dos grupos.

“Es posible que a medida que los artrópodos se especializaran más en su función, se las arreglaran para hacer su sistema nervioso más eficiente mediante la reducción del número de nervios”, dijo Ortega-Hernández, agregando que esto es sólo una hipótesis. “Pero será un tema interesante a explorar en estudios futuros”, expresó.

Los hallazgos se publicaron el 29 de febrero, en línea , en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences

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