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Artículo publicado por Tomoya Mori el 19 de febrero de 2016 en SPACE.com

Traducción realizada por Virginia Basgall

Tomoya Mori está en su último año en la Universidad Brown realizando estudios interdisciplinares en exploración espacial, multimedia y educación.  Es cofundador de Metaplaneta, un grupo de reflexión creativa que investiga un acercamiento multidisciplinar al espacio. 

“Ya pasamos por eso”. El presidente Barack Obama, como es sabido, usó esta frase para desviar la atención del mundo de la Luna hacia Marte como destino espacial en los últimos años, aunque el debate sobre dónde ir prosigue. Pero ya quiera la humanidad colonizar la Luna, o terraformar Marte, establecer un asentamiento en otros cuerpos celestes es un desafío a gran escala.

Así que una pregunta más importante que debe hacerse es la siguiente: ¿Qué se necesita para establecer una presencia humana permanente fuera de la Tierra?

Base lunar propuesta por la ESA

Base lunar propuesta por la ESA Crédito: ESA/ Foster + Partners

Esta pregunta presenta una gran diversidad de retos que trascienden distintas disciplinas. Va más allá del ámbito de la ciencia y la ingeniería, los dos campos que con frecuencia se consideran el núcleo de la exploración espacial, e incluyen la política, el derecho, la arquitectura, los negocios y el diseño. Extender la presencia humana más allá del planeta dependerá de la diversificación de la comunidad espacial para incluir intereses y perspectivas más amplias.

Por ahora, un número de instituciones fomentan colectivamente un entorno multidisciplinar dentro de la industria espacial. El Centro Internacional Sasakawa para Arquitectura Espacial (SICSA, en inglés) en la Universidad de Houston ofrece el único máster del programa científico del mundo en arquitectura espacial. Otras instituciones forman a los estudiantes sobre derecho y política espacial, incluyendo la Escuela de Asuntos Internacionales Elliott de la Universidad George Washington en Washington D.C. y el Instituto Baker de Políticas Públicas de la Universidad Rice en Houston.

Estos programas únicos ofrecen a sus estudiantes un conocimiento y habilidades especializados para el campo del viaje espacial. El verdadero mérito, sin embargo, está en traer nuevas perspectivas a la siempre creciente industria espacial.

En la actualidad, la mayoría de esas disciplinas son funcionalmente independientes. Es raro que los políticos hablen sobre la arquitectura de los vehículos espaciales, o que los científicos hablen acerca del potencial del negocio espacial. Pero, en realidad, esos campos están tan interconectados que la fusión interdisciplinar puede ser algo revolucionario.

La industria del espacio debería centrarse no sólo en la diversidad, sino también en el proceso por el cual interactúan diversas disciplinas. Es hora de adoptar un enfoque más transparente, integrador e interdisciplinar a la exploración espacial.

Un método para combinar disciplinas, llamado enfoque de diseño integrado (IDA, en inglés), ha demostrado ser eficaz en el diseño sostenible y podría proporcionar los mismos beneficios para el espacio.

Tradicionalmente, los diseñadores han utilizado un proceso lineal para construir edificios sostenibles. Los arquitectos hacen bocetos y los pasan a los ingenieros, quienes evalúan los diseños y luego los asignan a los subcontratistas, y así sucesivamente. Sin embargo, con ese enfoque, el tiempo y el dinero se han agotando para el momento en que surgen los conflictos y los problemas.

El IDA tiene éxito porque involucra a todos los miembros del proyecto desde el principio, permitiéndoles identificar y resolver antes los conflictos potenciales en el proceso. Y el entorno multidisciplinar obliga a los miembros del proyecto a pensar fuera de sus zonas cercanas de experiencia, inspirando soluciones innovadoras a los problemas y generalmente produciendo resultados más eficientes y rentables.

Por ejemplo, en el libro “Integrative Design Guide to Green Building“, (John Wiley and Sons Ltd, 2009), los autores presentan situaciones de la vida real en las cuales el IDA condujo a un resultado sorprendentemente eficaz. El libro fue escrito por 7group, un equipo multidisciplinar dedicado a la sostenibilidad y la regeneración, y Bill Reed, un defensor y practicante de esas iniciativas.

En el ejemplo, un equipo de arquitectos, paisajistas, e ingenieros estaban determinando la colocación de un sistema de climatización HVAC (calefacción, ventilación y aire acondicionado) en un edificio de oficinas, y el arquitecto le pidió al ingeniero mecánico que le diera una respuesta. El ingeniero estaba confundido en un primer momento. A pesar de que tenía más de 20 años de experiencia en el diseño de sistemas de climatización, nunca en su vida le habían preguntado dónde  localizar uno. Tras unos minutos, proporcionó una solución que resultó ser extremadamente eficiente y rentable. En vez de colocar la sala de máquinas necesaria en el techo, lo que los arquitectos habían hecho en el último proyecto, el ingeniero propuso ubicar las unidades de bomba de calor en la planta baja del edificio. Esta solución no sólo redujo el trabajo de tuberías y ahorró 40 000 dólares en coste de construcción, sino que también dio lugar a un mantenimiento simplificado y ahorros operativos significativos.

A partir de esa experiencia, el equipo se dio cuenta de la importancia de cuestionar las hipótesis. Todos los componentes de un edificio son interdependientes, y por lo tanto el aporte de todos debería respetarse — no sólo el de los individuos dentro de la propia área de especialización, sino también el de todos los demás en un equipo.

Las soluciones o las estrategias innovadoras a menudo provienen de fuentes inesperadas y, en este ejemplo, el entorno multidisciplinar fue fundamental para promover la apertura y estimular la creatividad de todos.

El trabajo de los arquitectos daneses en el Grupo Bjarke Ingels (BIG, en inglés) es otro ejemplo. En 2009, el Departamento de Planificación Urbana de Tallin, Estonia, y la Unión de Arquitectos Estonios llevaron a cabo una competencia internacional para un nuevo ayuntamiento en Tallin. Durante el proceso de diseño los arquitectos del BIG recibieron aportaciones del jurado acerca de las necesidades de los ciudadanos y tuvieron en cuenta el sistema de gobierno de la ciudad. El diseño tenía que ser flexible y adaptarse a demandas inesperadas.

La solución del grupo BIG fue sencilla y bastante novedosa; consistió en aumentar la transparencia entre los ciudadanos y los políticos, para mejorar la gobernabilidad y la democracia participativa de la ciudad.

El diseño del ayuntamiento del BIG tiene un gran número de ventanas de cristal y una estructura abierta, ofrece luz de día y una vista del centro comercial de la ciudad a los políticos, y a los ciudadanos de la ciudad la oportunidad de ver a sus funcionarios electos en su trabajo.

Aunque el alcalde de esa ciudad había expresado su esperanza de construir un nuevo ayuntamiento, la propuesta aún es un simple diseño, aunque sea uno que muestra la efectividad del diseño integrado. Aquí, los arquitectos no sólo proporcionaron un gran espacio de trabajo para los políticos, sino que también unificaron la ciudad en su conjunto.

Las infraestructuras espaciales son, en esencia, sistemas orgánicos. Tienen que ser más autosostenibles que cualesquiera edificios ecológicos regenerativos y sostenibles de la Tierra. Y a causa de las restrictivas condiciones de vida que presentan, tales edificios deben incluir la participación de los astronautas y los viajeros que pudieran utilizarlos, y el aporte de un rango de diseñadores, ingenieros y otros.

Por ejemplo, los módulos habitables de la Estación Espacial Internacional deben hacer frente al problema de la energía y el equilibrio térmico, la gestión de residuos, la estructura mecánica y la arquitectura, además de la comodidad y la privacidad, entre otros factores.

El Centro de Diseño Habitacional en el Centro Espacial Johnson de la NASA suele invitar tanto a astronautas como a consultores para mejorar los diseños de módulos y hacerlos más centrados en los usuarios. Puede parecer obvio, pero es crucial que los vehículos espaciales se diseñen teniendo en cuenta las opiniones de los astronautas, en lugar de convertirse en máquinas basadas en funciones como aviones de combate. Pocas veces se ven habitantes que participen en el proceso de diseño de una estructura terrestre.

Para las misiones, como la colonización espacial, de mayor escala, el enfoque del IDA es aún más necesario. Asentarse en un cuerpo celeste es muy diferente a simplemente ir allí. Para establecer un espacio de vida sostenible en un entorno tan hostil, uno no sólo necesita pensar en ciencia y tecnología, sino que también debe considerar aspectos psicológicos, arquitectónicos, sociales, políticos y económicos.

Hoy en día, muchas de las agencias espaciales han expresado su interés en enviar seres humanos a la Luna. Johann-Dietrich Woerner, director general de la Agencia Espacial Europea (ESA, en inglés), ha estado promocionando su visión de establecer una base lunar. Aunque la agencia todavía tiene que aprobar oficialmente ese plan, su mensaje se ha vuelto global.

A pesar de los visos de novedad que conlleva, el concepto de colonización lunar existía mucho antes de la era Apollo. Numerosos libros y artículos han presentado planes prometedores para una colonia lunar, pero nadie los ha llevado a cabo, o incluso intentado. Uno de los obstáculos fundamentales es el financiero. Incluso si el concepto de villa lunar tuviera éxito, la mayoría de los contribuyentes no entendería por qué valió la pena el costo.

Sin embargo, la Luna tiene el potencial de ayudar a que la humanidad crezca como especie. Una colonia lunar podría ser un modelo para un ecosistema sostenible, un campo de pruebas para favorecer la colaboración internacional, un laboratorio gigante para experimentos científicos de vanguardia e innovación tecnológica, una plataforma para nuevos negocios, un trampolín para una posterior exploración del sistema solar, y un ejercicio mental para cuestionar normas.

Pero si la humanidad va  establecer una colonia lunar, el mundo debe emplear el IDA, involucrando a todos los jugadores clave desde el principio.

El fin de semana del 19 al 21 de febrero la Universidad Brown en Rhode Island será sede de Space Horizons 2016, un taller de integración de tres días centrado en estudiantes, que lleva a éstos y a profesionales de todas las disciplinas a conceptualizar una ciudad lunar internacional.

El evento constará de cuatro talleres — Política, Infraestructura, Ciencia, y Negocio y Tecnología — que tratará varias preguntas: ¿Qué motivaría políticamente a los países participantes? ¿Cuál es el valor económico de una ciudad lunar, y qué oportunidades comerciales puede mantener la economía lunar? ¿Qué nuevos experimentos surgirían en una base lunar, y cómo ayudarían estos a la humanidad a vivir en la Luna y más allá? ¿Qué infraestructura se requiere para dar soporte a un ecosistema lunar?

A través del enfoque de diseño integrado, se animará a los participantes a pensar más allá de su experiencia inmediata, y a reconocer las conexiones entre sus habilidades y la industria espacial, volviendo el espacio más tangible para todos. Cada taller tendrá tutores y profesionales experimentados, incluyendo representantes del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA (JPL, en inglés), el Instituto Planetario y Lunar y el Instituto Planetario, PoliSpace, el Centro Internacional Sasakawa para Arquitectura Espacial, Masten Space Systems, el Instituto de Tecnología de Massachusetts, la Universidad Brown, la Universidad Yale en Nueva Jersey, la Universidad de Florida Central y la Escuela de Diseño de Rhode Island. Por último, los hallazgos podrían conducir a un proyecto o una publicación conjuntos.

Pero el Space Horizons 2016 no es el primero en asumir el concepto de base lunar. Al final del año pasado, el Centro Europeo de Investigación y Tecnología Espacial (ESTEC) de la ESA fue sede del “Taller Villa Lunar“, que se llevó a cabo en conjunto con el Simposio Internacional sobre la Luna 2020-2030. El taller invitó a profesionales y estudiantes de todo el mundo para discutir y proponer ideas con el fin de consolidar visiones para el concepto de villa lunar. Los participantes se dividieron en tres grupos: Diseño del Hábitat Lunar, Potencial de la Ciencia y la Tecnología en la Villa Lunar, y Participación de los Interesados.

Los tres grupos de trabajo dieron con varias acciones recomendadas para adoptarse por parte del director general de la ESA, incluyendo el diseño y el funcionamiento de la simulación de una base lunar en el Centro Europeo de Astronautas y la participación de los interesados más directos, tales como los medios de comunicación, gobiernos nacionales y ciudadanos, en la próxima Reunión del Consejo de Ministros de la ESA.

Se necesita tiempo para que las estrategias educativas demuestren su eficacia. Y siempre que la idea de base lunar siga siendo una visión, será un reto para involucrar a la gente de las industrias no-espaciales, especialmente en una época en la que la industria del espacio es generalmente considerada exclusiva de los científicos de cohetes.

Sin embargo, el futuro de la exploración espacial depende de ampliar la comunidad. La mayoría de las ideas innovadoras son producto de fusiones interdisciplinares. Así como los avances tecnológicos acelerarán la exploración espacial, intereses y puntos de vista más amplios también catalizarán el proceso de establecer colonias en el espacio. El enfoque de diseño integrado tiene el potencial no sólo de abrir nuevas perspectivas, sino también de ofrecerle a una generación más joven la oportunidad de diseñar el futuro de la exploración espacial y cambiar radicalmente la percepción de la humanidad sobre el espacio. Son esas personas que harán avanzar la sociedad en el universo.

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