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Artículo publicado por Meredith Wadman el 7 de diciembre de 2015 en Nature News

El uso de tejido de fetos abortados ha desatado la controversia por todo Estados Unidos, pero muchos científicos dicen que es esencial para estudios sobre el VIH, el desarrollo, y muchos más.

Cada mes, Lishan Su recibe un pequeño tubo de ensayo metido en hielo procedente de una compañía de California. En su interior se encuentra un trozo de hígado procedente de un feto humano abortado entre la semana 14 y 19 de gestación.

Su y su equipo de la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill, pulverizan cuidadosamente el hígado, lo centrifugan, y luego extraen y purifican el hígado – y las células madre que forman la sangre. Inyectan las células en los hígados de ratones recién nacidos y permiten que esos ratones maduren. Los animales resultantes son los únicos ratones “humanizados”, con un hígado humano y células inmunes funcionales y, para Su, su valor es incalculable para su trabajo sobre la hepatitis B y C, permitiéndole estudiar cómo el virus esquiva al sistema inmune y provoca enfermedades hepáticas crónicas.

Corte de cuello fetal 61, amígdala

Tejido fetal Crédito: Óscar Moreno

“Usar tejido fetal no es una elección sencilla pero, por el momento, no tenemos una opción mejor”, comenta Su, que ha tratado, y no ha podido, crear un ratón humanizado usando otras técnicas. “Muchísimos investigadores biomédicos dependen del tejido fetal para su investigación, para salvar vidas humanas reales”, explica. “Y creo que muchos de ellos lo sienten así”.

Se ha creado un ambiente enrarecido alrededor de la investigación en Estados Unidos con tejido fetal desde el pasado julio de 2015, cuando un grupo antiabortista llamado Center for Medical Progress (Centro para el Progreso Médico) en Irvine, California, publicó unos vídeos filmados con cámara oculta en los que médicos de la Planned Parenthood Federation of America (Federación Estadounidense de Paternidad Planificada) debatían abierta y crudamente su aprovechamiento de los órganos fetales procedentes de los abortos para su uso en investigación. Planned Parenthood es una organización sanitaria sin ánimo de lucro para la salud de la mujer que recibió 528 millones de dólares del gobierno de Estados Unidos en 2014, gran parte del mismo en forma de reembolsos por servicios que varían desde la anticoncepción, a la detección temprana del cáncer, que se proporciona, en gran medida, a mujeres sin recursos. Los abortos, que se realizan en aproximadamente la mitad de las 700 clínicas de Planned Parenthood, constituyen un 3% de sus servicios. Un puñado de clínicas en dos estados suministran tejido fetal para investigación.

Los vídeos provocaron un furor que se ha intensificado a lo largo de los últimos meses. El 3 de diciembre, el Senado de los Estados Unidos, dirigido por el partido Republicano, votó a favor de despojar a Planned Parenthood del patrocinio gubernamental. Esto a pesar del hecho de que la investigación con tejido fetal es legal, el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos (NIH) ha estado patrocinándolo desde hace décadas y el Presidente Obama vetará seguramente el proyecto de ley si es que llega a su mesa. Unos días antes, el 27 de noviembre, una persona armada acribilló a tres personas en la clínica de Planned Parenthood en Colorado Springs, Colorado. En una entrevista posterior a su arresto, se informa de que el sospechoso declaró “no más piezas de bebés”.

El episodio ha colocado el foco sobre una rama poco debatida de la investigación biomédica, generando las preguntas de por qué, cómo, y con qué frecuencia se usa el tejido fetal. Para dar respuesta, Nature usó la base de datos del NIH de becas de investigación otorgadas en 2014 para descubrir quiénes usaron tejido fetal humano, y en octubre contactó con 18 investigadores que trabajaban con él. Su fue uno de los dos únicos que accedieron a ser entrevistados. La mayor parte de las solicitudes fueron declinadas o no obtuvieron respuesta; un funcionario de asuntos públicos de una gran universidad de Texas rechazó que un investigador hablase con Nature para mantener la seguridad de dicha persona.

Las cifras muestran que, en 2014, el NIH patrocinó 164 proyectos que usaban tejido fetal, con un coste de 76 millones de dólares. Esto es algo menos de la mitad de lo que la agencia gasta en trabajos con células madre embrionarias humanas (células ES), que también han sido muy controvertidos, y el 0,27% del gasto total de 27 900 millones de dólares en investigación. (En comparación, el Consejo de Investigación Médica del Reino Unido gastó el 0,16% — 1,24 millones de libras (1,9 millones de dolares) — sobre su presupuesto total en investigación en cinco proyectos que implicaban tejido fetal durante 12 meses hasta marzo de 2015). El análisis de los proyectos del NIH demuestra que el tejido se usó principalmente para investigación de enfermedades infecciosas, especialmente VIH/SIDA; en el estudio de la función y enfermedades de la retina; y en estudios de desarrollo normal y anómalo del feto.

Investigación con tejido fetal por disciplina

Investigación con tejido fetal por disciplina Crédito: Nature/NIH

Los opositores defienden que el trabajo no es necesario debido a que pueden usarse otros sistemas y técnicas con modelos. “Esto es ciencia anticuada”, comenta David Prentice, vicepresidente y director de investigación en el Instituto Charlotte Lozier, la rama de investigación de la Susan B. Anthony List, que es una organización antiabortista con sede en Washington DC. “Hay alternativas mejores y, francamente, con mayor éxito”.

Pero los defensores de la investigación argumentan que el tejido fetal se obtiene de forma legal, y que de otro modo sería destruido, que tales trabajos ya han derivado en grandes avances médicos y que, si hubiese mejores alternativas, ya las estarían usando. “El tejido fetal es flexible y menos diferenciado. Crece con facilidad y se adapta a los nuevos entornos, lo que permite a los investigadores estudiar biología básica, o usarlo como herramienta de un modo que no puede reproducirse con tejido adulto”, señala Carrie Wolinetz, directora adjunta del NIH para política científica.

“Me frustra mucho cuando gente desinformada propone que todo se haga con modelos por computador, o cultivos celulares, o con células madre, o con animales”, comenta Paul Fowler, biólogo de la reproducción en el Instituto de Ciencias de la Salud en la Universidad de Aberdeen, en el Reino Unido, que en enero de 2015 publicó un estudio usando hígados de fetos abortados para estudiar el impacto de fumar durante el embarazo en el desarrollo del hígado1. “En algunas áreas, el humano es absoluta y radicalmente diferente de los roedores”.

Algunos defienden que todo este episodio representa un intento poco velado de atacar y limitar el acceso al aborto, erosionando el apoyo y patrocinio a Planned Parenthood. “La gente habla del tejido fetal, pero en realidad este debate es sobre el aborto”, señala Shari Gelber, especialista en medicina materno-fetal en el Weill-Cornell Medical College en la ciudad de Nueva York, que ha defendido el valor de la investigación.

Líneas de laboratorio

Las líneas celulares derivadas a partir del tejido fetal abortado han sido un lugar bastante común en investigación y medicina desde la creación en la década de 1960 de la cepa celular WI-38, que se derivó en el Instituto Wistar en Filadelfia, Pennsylvania, y MRC-5, que llegó desde el laboratorio del Consejo de Investigación Médica en Londres (ver Nature 498, 422–426; 2013). Los virus se multiplican con facilidad en estas células, y se usan para fabricar muchas vacunas importantes a nivel global, incluyendo las de el sarampión, la rubeola, la rabia, la varicela, el herpes zóster, y la hepatitis A.

Las compañías han fabricado al menos 5800 millones de vacunas creadas a partir de estas dos líneas celulares las cuales, junto a otras, se han convertido en herramientas estándar de laboratorio en estudios sobre el envejecimiento y la toxicidad de los medicamentos. (Las investigaciones con dichas líneas no están cubiertas por las regulaciones estadounidenses que rigen el uso de células fetales y tejidos, ni se registran en la base de datos del NIH). En los últimos 25 años, las líneas celulares fetales se han usado en un amplio rango de avances médicos, incluyendo la producción de un popular medicamento contra la artritis y proteínas terapéuticas que luchan contra la fibrosis quística y la hemofilia.

Pero las líneas celulares no comerciales tienen un uso limitado para los científicos, dado que no imitan con fidelidad el tejido nativo, y representan sólo un subconjunto de tipos celulares: WI-38 y MRC-5, por ejemplo, se derivan de pulmones fetales. Las líneas pueden también acumular mutaciones tras replicarse in vitro a lo largo del tiempo. Y crear un ratón humanizado como el de Su requiere partes completas de órganos fetales para proporcionar un número suficiente de células madre. Por todas estas razones, los investigadores usan el tejido fresco.

En los Estados Unidos, los tejidos fetales se recopilan en centros médicos y clínicas que realizan abortos bajo una cobertura legal y regulatoria gubernamental para el consentimiento, recogida de tejido, y transferencia. Las leyes estadounidenses dicen que la clínica puede recibir un “pago razonable” para equilibrar el coste de proporcionar el tejido, pero estipula como delito obtener beneficios de ello. Los funcionarios de Planned Parenthood dicen que sus clínicas obtienen un consentimiento pleno e informado de las mujeres que eligen donar los restos fetales para investigación, y la organización anunció en octubre que sus clínicas dejarán de recibir el coste de 45 a 60 dólares por espécimen por recopilar el tejido.

De las clínicas, el tejido fetal a menudo se envía a compañías de suministros para investigación biológica, que actúan como intermediarios y procesan el tejido antes de venderlo a los investigadores. Su pagó 830 dólares por cada muestra de tejido de hígado fetal suministrado a su laboratorio por uno de los proveedores más usado, Advanced Bioscience Resources en Alameda, California.

SIDA y VIH

La categoría de trabajo con tejido fetal que atrae más patrocinio del NIH es el estudio del VIH y el SIDA: cuenta con 64 de las 164 becas del NIH. Los investigadores de este campo han sufrido durante mucho tiempo la carencia de modelos efectivos para esta enfermedad únicamente humana. Los modelos estándar, como los macacos, son caros de mantener, y se infectan con el VIS en lugar del VIH que tiene una respuesta inmune distinta a la de las personas. La flexibilidad y adaptabilidad del tejido fetal — y su riqueza como fuente de células madre — ha permitido la creación de una variedad de ratones con sistemas inmunes humanizados.

El más destacado entre estos ratones es el BLT (timo-hígado-médula ósea), creado en 20062. Este modelo se crea destruyendo el sistema inmune del animal y luego trasplantando quirúrgicamente fragmentos de tejido del timo y el hígado, procedentes de un feto humano, en el ratón. El sistema inmune se humaniza aún más con un trasplante de médula ósea, usando células madre que forman la sangre procedentes del mismo hígado fetal. El animal permite estudios de, por ejemplo, las respuestas inmunes que son clave para el desarrollo de una vacuna efectiva para el VIH. El ratón “ha acelerado el estudio de la patogénesis del VIH y los nuevos enfoques aprovechan la inmunidad antiviral para controlar el virus”, según puede leerse en una reciente revisión realizada por varios científicos patrocinados por el NIH que están usando el ratón3.

El ratón también ha ayudado a demostrar que los medicamentos profilácticos pueden prevenir la infección vaginal del VIH — una estrategia que está ahora en las últimas etapas de ensayos con humanos. El animal actualmente se usa para examinar cómo la infección genital con el virus simple del herpes altera la inmunidad en la mucosa vaginal, facilitando la infección del VIH. En una línea similar, Su está actualmente usando su ratón humanizado para examinar mecanismos mediante el cual la co-infección de hepatitis C y VIH puede acelerar las enfermedades hepáticas.

También existen problemas: la vida media de los ratones BLT es relativamente corta, de sólo alrededor de 8 meses y medio, debido a que el animal tiende a desarrollar cáncer de timo. Y el sistema inmune humanizado no se hereda, por lo que el modelo debe crearse cada vez — lo que lleva a una demanda constante de tejido fetal que tanto perturba a los opositores al aborto.

Desarrollo humano

En algunas áreas de investigación, el tejido fetal, con el tiempo, puede ser reemplazado por otros métodos y materiales: tipos celulares flexibles y alternativos, que incluyen a las células humanas ES y las células madre pluripotenciales inducidas (iPS), y orgánulos, creados en el laboratorio de estructuras celulares, y que recuerdan al tejido de los órganos normales. Pero existe una área en la cual, según los científicos, el tejido fetal es necesario por definición: el estudio de las primeras etapas del desarrollo humano, y por qué a veces hay problemas.

“El tejido fetal humano nunca se verá reemplazado en algunas áreas de investigación, particularmente aquellas relacionadas con el desarrollo fetal”, señala Wolinetz. Y la aplicación de tales trabajos va más allá de la comprensión de los desórdenes en el desarrollo, tales como enfermedades cardíacas congénitas u otras malformaciones, explica Neil Hanley, endocrinólogo en la Universidad de Manchester, en el Reino Unido. “Un amplio rango de enfermedades y desórdenes en adultos, ahora sabemos que tienen su origen en las primeras etapas del desarrollo humano”, comenta — la diabetes tipo II y la esquizofrenia son ejemplos de ello. “Y a menos que comprendas qué es lo normal, no podrás comprendes qué es lo anómalo”.

Las 30 becas de biología del desarrollo que implican tejido fetal que otorgó el NIH en 2014 varían desde el estudio de la diferenciación de mioblastos, que son los precursores embrionarios de las células musculares, a varios exámenes del desarrollo del tracto urogenital — estudios con relevancia, por ejemplo, para las hipospadias, una condición común en la cual la uretra no logra cerrarse y se forma un incompleto pene de pequeño tamaño. Un proyecto se centra el crear un atlas tridimensional de la expresión genética en el tubérculo genital, el precursor del pene. Otro es el estudio de la actividad genética en las células que revisten el intestino fetal, para ayudar a explicar la excesiva inflamación intestinal en los bebés prematuros. Hanley dice que tales estudios son importantes, particularmente, debido que a la regulación genética — la ajustada sinfonía que controla cuándo y dónde se activan genes — puede variar radicalmente entre especies, por lo que los hallazgos en otros animales a menudo no se pueden extrapolar a los humanos.

Más de la mitad de las 30 becas se otorgaron a estudios sobre el desarrollo del encéfalo, y muchos de estos proyectos buscan avances para combatir males como el autismo, la esquizofrenia y la enfermedad de Alzheimer. Larry Goldstein, neurobiólogo en la Facultad de Medicina de La Jolla, perteneciente a la Universidad de California, en San Diego, usa unas células conocidas como astrocitos procedentes de los encéfalos de fetos abortados para alimentar a neuronas que ha derivado a partir de células iPS, y que tienen mutaciones asociadas con la enfermedad de Alzheimer. Los astrocitos se cree que son el factor secreto que mantiene sanas a las neuronas en cultivo, y usa el sistema para estudiar la patogénesis de la enfermedad y poner a prueba potenciales medicamentos.

Goldstein espera finalmente derivar también los astrocitos a partir de células iPS. Pero “los astrocitos fetales humanos que logramos actualmente son el criterio estándar que usamos, y usaremos, para comparar los astrocitos que creemos por diferenciación”, explica. También ha usado neuronas procedentes de encéfalos de fetos abortados para compararlas con las neuronas creadas a partir de células iPS4. “Siempre que tengamos disponible tejido fetal, es muy valioso usarlo”, apunta.

Otras 23 becas del NIH implicaban desarrollo y enfermedades oculares. El daño en el epitelio pigmentario retinal (RPE), una única capa de células en el fondo del ojo, ha desempeñado un papel clave en varias enfermedades del ojo, incluyendo la degeneración macular asociada al envejecimiento, la causa más común de ceguera en adultos en el mundo desarrollado. La década de los 2000 vio avances en la forma de crear cultivos celulares con RPE diseccionada a partir de los ojos de los fetos, lo que permitió a los científicos estudiar la función de estas células en una placa. Y aunque algunos científicos se han centrado en las células madre para crear RPE, al igual Goldstein siguen usando tejido fetal como punto de referencia para el desarrollo y función normal.

Goldstein estuvo de acuerdo en hablar para Nature, dice, debido a que “alguien tiene que hablar responsablemente”. Enfatiza que él y sus colegas piensan mucho sobre la ética de su trabajo. “No estamos contentos acerca de cómo este material llega a estar a nuestra disposición, pero no nos gustaría verlo desperdiciado y simplemente arrojado a la basura”.

Ocasionalmente, el tejido fetal también se usa para trabajo clínico. El año pasado, una compañía conocida como Neuralstem en Germantown, Maryland, en colaboración con científicos de la Universidad de California, en San Diego, lanzaron un ensayo en el cual las células madre procedentes de la médula espinal fetal se implantaron para tratar enfermedades de la médula espinal. En mayo, investigadores del Reino Unido y Suecia comenzaron un estudio en el cual neuronas dopaminérgicas procedentes de fetos abortados se trasplantaron a pacientes con enfermedad de Parkinson (ver Nature 510,195–196; 2014). La investigación con tejido fetal es menos controvertida en países donde el aborto tiene una aceptación más amplia.

Una visión incómoda

Los vídeos de Planned Parenthood provocaron que incluso algunos que apoyaban la investigación con tejido fetal se sintieran incómodos. En un video, la médico Deborah Nucatola, directora senior del grupo de servicios médicos, describe cómo machaca fetos por encima y debajo de órganos vitales para conservarlos intactos para la investigación. También describe cómo gira de nalgas un feto para dejar la cabeza para el final, cuando el cuello del útero está más dilatado, para conservar el encéfalo.

Esto generó la pregunta de si los médicos están modificando las técnicas abortivas para acomodarse a los requisitos de la investigación, violando un precepto ampliamente mantenido de la ética en investigación. Arthur Caplan, bioético de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York, desestima los vídeos como “pura política”, pero parte del metraje “me hizo arquear las cejas”, apunta. “No puedes usar un enfoque diferente para el aborto por tratar de conservar algo. Rotundamente no”.

La portavoz de Planned Parenthood Amanda Harrington dice que la organización no es consciente de ningún ejemplo en el que se haya modificado el método de aborto para conservar los órganos. Pero, añade, “si se realizan ajustes menores que no pongan en peligro la salud y seguridad de la mujer, habiendo expresado ella su deseo de donar el tejido, esto es totalmente apropiado, ético, y legal”. La salud y seguridad de la mujer, dice, “siempre es la primera prioridad”.

La cuestión para muchos científicos es cuáles serán los efectos colaterales de la controversia. Poco después del tiroteo en Colorado, algunos republicanos del Congreso tomaron distancia respecto a anteriores intentos de retirar el patrocinio a Planned Parenthood, y se espera que el Presidente Obama vete cualquier proyecto de ley a este respecto. Esto significa que el verdadero daño de los vídeos puede no infligirse sobre el presupuesto de Planned Parenthood, sino sobre la ciencia. Desde julio, se han presentado al Congreso de los Estados Unidos cuatro propuestas de ley que criminalizarían, o restringirían, la investigación, y los legisladores han lanzado esfuerzos similares en una docena de legislaturas estatales. (Missouri, Arizona y Dakota del Norte ya prohíben la investigación).

Su piensa que el clima para su investigación fue a peor cuando, el 1 de octubre, se firmó una nueva ley en Carolina del Norte que establece como un crimen vender cualquier cantidad de tejido fetal dentro del estado. Su recibe el tejido que usa de fuera del estado, pero el mensaje subyacente a la nueva ley le preocupa. “Espero que esta controversia actual, o las posibles intervenciones del Congreso, no frenen la investigación biomédica”, señala. “El beneficio es mayor que los problemas en este tema”.

La controversia “pone en un riesgo absoluto la investigación con tejido fetal”, comenta Caplan. “Es improbable que los jóvenes científicos se introduzcan en un campo rodeado por la controversia, donde el patrocinio es incierto, y las amenazas físicas una posibilidad real”.

Caplan dice que podrían surgir paralelismos con otros eventos de principios de los 2000, cuando el uso de células humanas ES para investigación en Estados Unidos se convirtió en una batalla política. Entonces se adoptaron las restrictivas regulaciones federales que rigen el patrocinio del NIH, pero algunos estados, incluyendo a California y Massachusetts, respondieron financiado con una lluvia de dinero a la ciencia .

“Para avanzar, la realidad es que la investigación con tejido fetal no tiene que patrocinarse o permitirse en todos sitios”, señala Caplan. “Tiene que permitirse en algunos”.

Referencias

1.- Drake, A. J. et al. BMC Med. 13, 18 (2015).
2.- Melkus, M. W. et al. Nature Med. 12, 1316–1322 (2006).
3.- Karpel, M. E., Boutwell, C. L. & Allen, T. M. Curr. Opin. Virol. 13, 75–80 (2015).
4.- Israel, M. A. et al. Nature 482, 216–220 (2012).

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