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Artículo publicado el 22 de enero de 2016 en el Instituto Max Planck

La Peste Negra, la plaga de mitad del siglo XIV es, sin duda, la pandemia más famosa de la historia. En apenas cinco años acabó con entre el 30% y el 50% de la población de Europa. Por desgracia, no se detuvo ahí. La plaga resurgió por toda Europa llevando a una alta mortalidad y a una agitación social en los siguientes tres siglos.

Con la distribución mundial actual, es sorprendente que la omnipresente amenaza de la plaga esté casi erradicada en Europa Occidental. La súbita desaparición de la plaga nos deja con muchas preguntas sin responder sobre la historia de la enfermedad. ¿Dónde se originó el brote inicial? ¿Donde se ocultaba la plaga entre cada brote? ¿Qué provocaba el resurgimiento de la temida plaga?

Plaga de Marsella de 1720

Plaga de Marsella de 1720

La arqueología tiene muchas respuestas a estas preguntas, si sabes dónde buscar pistas. Un equipo internacional de científicos dirigido por miembros del Instituto Max Planck (MPI) para Ciencias de la Historia Humana en Jena, Alemania, ha realizado un importante avance para comprender las plagas europeas de nuestro pasado no tan lejano. En la revista en línea eLife informan de la reconstrucción del genoma completo de patógenos procedentes de las víctimas de la Gran Plaga de Marsella (1720-1722), que se supone el último brote de plagas medievales en Europa. Usando dientes procedentes de fosas comunes en Marsella, el equipo pudo acceder a minúsculos fragmento de ADN conservados durante cientos de años.

“Nos enfrentamos a un desafío significativo al reconstruir estos antiguos genomas”, comenta el analista computacional Alexander Herbig. “Para nuestra sorpresa, la plaga del siglo XVIII parece ser una forma que ya no está en circulación, y que desciende directamente de la enfermedad que entró en Europa durante la Peste Negra, varios siglos antes”. Al ser distinta de todas las formas modernas de la plaga, los científicos creen que han identificado una forma extinta de la enfermedad.

Kirsten Bos, autora principal de la publicación, advierte que la fuente geográfica de la enfermedad no puede identificarse aún. Marsella era un gran centro comercial en el Mediterráneo, por lo que la Gran Plaga de Marsella pudo haberse importado a partir de diverso lugares, por los barcos o sus mercancías. Pero admite que es igualmente probable que pudiese haberse dado cerca de casa. “Nuestros resultados sugieren que la enfermedad estuvo oculta en algún punto de Europa durante cientos de años”.

“Es un pensamiento escalofriante el que la plaga pudo haber estado durante una época oculta en un rincón de Europa, viviendo en un huésped que aún no conocemos”, explica Johannes Krause, director del Departamento de Arqueogenética en el MPI en Jena, y añade: “Futuros trabajos podrían ayudarnos a identificar la misteriosa especie anfitriona, su rango, y la razón de su desaparición”.

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