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Artículo publicado por Nathaniel Scharping el 18 de enero de 2016 en Discover Magazine

Puedes congelarlos, quemarlos, quitarles toda el agua, o incluso lanzarlos al espacio, pero los humildes tardígrados pueden sobrevivir a todo.

Como demostración de fuerza de los tardígrados, un nuevo experimento ha demostrado que incluso encerrarlos en un bloque de hielo durante tres décadas no pudo dejarlos fuera de combate.

Tardigrade

Tardígrado

Investigadores japoneses resucitaron con éxito a dos tardígrados — a menudo conocidos como “osos de agua” por sus garras y la forma de su cabeza — tras ser congelados hace 30 años. Un equipo distinto de investigadores japoneses descubrió en la 24 Expedición Japonesa de Investigación Antártica a la pareja de animales microscópicos de ocho patas en 1983, dentro de una muestra helada de musgo que se mantuvo congelada hasta la actualidad.

¡Están vivos!

Treinta años después, todo lo que se necesitó fue un buen deshielo y una solución rica en nutrientes para que los tardígrados empezaran a mover sus patas y estirar sus cuerpos, volviendo a la vida tras décadas de estasis. Su recuperación fue lenta, debido a que necesitaron tiempo para reparar el daño celular — imagina cómo te sentirías tras pasar 30 años agarrotado por el hielo.

Aunque uno murió poco más de dos semanas después de su resurrección, el otro tardígrado finalmente depositó huevos que eclosionaron, demostrando que los tardígrados no sólo pueden volver a la vida, sino crear otras nuevas tras un largo sueño. También eclosionó un huevo encontrado dentro de la muestra congelada en 1983 junto a los dos adultos. Los investigadores publican sus hallazgos en la revista Cryobiology.

Que los tardígrados pueden sobrevivir en condiciones extremas es algo que está bien documentado, y ha llevado incluso a fantásticas afirmaciones sobre que llegaron a la Tierra desde el espacio exterior. Los tardígrados se encuentran casi en cualquier punto del planeta, desde los desiertos más secos a los picos del Himalaya. Incluso sobrevivieron a 10 días en el espacio en 2007, cuando se vieron expuestos a temperaturas cercanas al cero absoluto y a radiación dañina.

Esta descongelación no es la primera vez que se documenta una “resurrección” de un tardígrado durmiente. Un estudio de 2002 informó de la resurrección con éxito de las criaturas a partir de un estado de deshidratación extrema. Sin embargo, aquellos sedientos tardígrados sólo pasaron 9 años en estasis.

Dejar de vivir

Cuando se colocan en un entorno extremo, la actividad metabólica de los tardígrados cesa, o se ralentiza más allá de niveles medibles, entran en un estado conocido como criptobiosis. Al pisar los frenos metabólicos durante los tiempos difíciles, las estructuras celulares se conservan y permiten que los animales “reinicien” su metabolismo cuando las condiciones se vuelven más favorables. Otros animales microscópicos tienen esta capacidad, como los nemátodos, pero los tardígrados pueden ser los que mejor adaptados estén a este tipo de estasis.

Para poner la vida en suspenso, los tardígrados dejan su cuerpo casi sin agua y la reemplazan con el azúcar trehalosa. Este proceso asegura que el resto del agua del cuerpo del tardígrado no forme cristales al expandirse durante la congelación, lo cual oficiamente mataría al organismo. El resultado final es una detención casi total de la actividad celular, junto con los procesos de oxidación que provocan el envejecimiento celular y la muerte.

Cuando vuelven a un entorno más habitable, los tardígrados recuperan sus funciones metabólicas y reparan los daños celulares cuando su cuerpo vuelve a su estado natural. De este modo, un organismo que normalmente vive sólo unos meses pueden extender su tiempo de vida décadas para esperar unas condiciones más favorables.

El tardígrado, sin embargo, aún no ha logrado la corona de la reanimación. Este honor pertenece a una especie de nemátodo, un tipo de gusano microscópico. Cinco gusanos de la especie Tylenchus polyhypnus fueron revividos tras 39 años, en el año 1946.

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