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Artículo publicado el 7 de enero de 2016 en Instituto Max Planck

Traducción realizada por Dina Ródenas

El genoma de Helicobacter pylori de la momia del glaciar, descodificado.

Hoy en día, la bacteria Helicobacter pylori está presente en los estómagos de aproximadamente la mitad de la población mundial. Bajo condiciones favorables, puede causar úlceras de estómago, e incluso cáncer. Un equipo internacional de estudio formado por investigadores del Max Planck Institute for the Science of Human History ha tenido éxito al descodificar el genoma de Helicobacter pylori hallado en la momia de 5300 años de antigüedad del conocido como “El hombre de los hielos”, Ötzi. Sorprendentemente, la comparación con la H. pylori moderna muestra que la cepa del hombre del hielo se asemeja a las que se encuentran en Asia, y no en Europa. Este hallazgo plantea nuevas incógnitas sobre la migración temprana de humanos a Europa.

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Ötzi Crédito: Reuters

Estudios anteriores habían demostrado que Ötzi vivió en la zona sur de Europa, y al este de los Alpes italianos, y que fue uno de los primeros granjeros europeos. Hace apenas tres años, los investigadores de la European Academy en Bolzano, comenzaron a examinar el estómago de la momia más detenidamente. Junto con colegas en Kiel, Viena y Sudáfrica, y con investigadores del Max Planck Institute for the Science of Human History en Jena, extrajeron material genético de los tejidos de la momia, y los enriquecieron específicamente para observar el ADN de la Helicobacter pylori. El equipo de investigación consiguió aislar suficiente material genético gracias a la muestra como para ser capaces de reconstruir el genoma completo de la antigua bacteria. Una investigación más detallada del genoma de la bacteria de la Edad del Cobre reveló que ésta era especialmente virulenta; en la actualidad, las mismas características podrían llevar a su portador a padecer gastritis.

En los restos del estómago de Ötzi, los investigadores también descubrieron proteínas iguales a las que se detectan en los casos actuales de infección por H. pylori. Una décima parte de quienes padecen este tipo de infección tienden a desarrollar problemas estomacales posteriormente. “No podemos afirmar con seguridad si Ötzi tuvo gastritis o úlceras de estómago, porque su revestimiento estomacal ya no existe, y es precisamente ahí donde la enfermedad tiende a manifestarse inicialmente. No obstante, las condiciones necesarias para que se den este tipo de patologías, están ahí”, apunta Albert Zink, un microbiólogo en Bolzano.

Una cepa amenaza la teoría de la migración

Dentro de una misma familia, H. pylori se trasmite a las generaciones posteriores, por lo que el patógeno es un marcador ideal para monitorizar las migraciones humanas. Estudios anteriores han mostrado que hay variantes que se dan de un modo especialmente frecuente en determinadas partes del mundo. Sea como sea, que la antigua cepa de Helicobacter se pueda comparar con las cepas actuales de Europa y Asia, ha sorprendido a los investigadores. “Habíamos asumido que la cepa de la momia del glaciar era similar a las actuales que se encuentran en Europa, pero tras varios análisis realizados, se han observado los mismos resultados: la similitud con la cepa asiática es mayor”, explica Alexander Herbig, del Max Planck Institute for the Science of Human History, uno de los autores principales del estudio.

Estos hallazgos desafían las hipótesis previas sobre varios momentos históricos de las migraciones a Europa. “Hasta ahora se daba por hecho que los granjeros del Neolítico portaban esta variante de la bacteria cuando se asentaron en Europa. Dado que Ötzi, uno de los primeros granjeros, es portador de la variante asiática, tienen que haber existido otros movimientos de personas hacia Europa en algún momento posterior a él, personas que portarían la variante europea actual de la bacteria”, dice Johannes Krause del Max Planck Institute, y añade: “La historia de la colonización de Europa es muy compleja, y no dejará de sorprendernos con cada nuevo descubrimiento”.

No obstante, este estudio ofrece nada más que pistas preliminares sobre los movimientos migratorios a Europa. Serán necesarias exhaustivas comparaciones con restos antiguos hallados en Asia y África de diferentes periodos para poder entender mejor las migraciones europeas.

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