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Artículo publicado el 22 de diciembre de 2015 en Royal Astronomical Society

Un equipo de astrónomos del Observatorio Armagh y la Universidad de Buckingham informan que el descubrimiento de cientos de cometas gigantes en el sistema planetario exterior a lo largo de las últimas dos décadas, implica que estos objetos suponen un peligro muchos mayor para la vida que el de los asteroides. El equipo, compuesto por los Profesores Bill Napier y Duncan Steel de la Universidad de Buckingham, el Profesor Mark Bailey del Observatorio Armagh, y el Dr. David Asher, también de Armagh, publican su artículo en el ejemplar de diciembre de la revista Astronomy & Geophysics (A&G), que pertenece a la Royal Astronomical Society.

Las órbitas del Sistema Solar. En rojo, los centauros

Las órbitas del Sistema Solar. En rojo, los centauros Crédito: Duncan Steel

Los cometas gigantes, conocidos como centauros, se mueven en órbitas inestables que se cruzan con los caminos de los planetas exteriores gigantes, como Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Los campos gravitatorio planetarios pueden, ocasionalmente, desviar estos objetos hacia la Tierra.

Los centauros tienen un diámetro típico de 50 a 100 kilómetros, o superior, y uno de tales cuerpos contiene más masa que toda la población de asteroides que pasan por la Tierra hallados hasta la fecha. Los cálculos de la tasa a la que entran los centauros en el Sistema Solar interior indican que uno podría ser desviado hacia un camino que se cruce con el de la Tierra una vez cada 40 000 a 100 000 años. Aunque en el espacio cercano a la Tierra se espera que se desintegren en polvo y fragmentos grandes, inundando el Sistema Solar interior con restos cometarios y haciendo que los impactos contra nuestro planeta sean inevitables.

Conociendo los graves problemas en el entorno terrestre y las interrupciones en el progreso de las antiguas civilizaciones, junto a nuestro creciente conocimiento de la materia interplanetaria en el espacio cercano a la Tierra, todo esto indica la llegada de un centauro hace unos 30 000 años. Este cometa gigante habría llenado el sistema planetario interior con escombros de tamaño variable entre el polvo hasta bloques de varios kilómetros de diámetro.

Los episodios específicos de trastornos ambientales que tuvieron lugar alrededor de los años 10 800 AEC y 2300 AEC, identificados por geólogos y paleontólogos, también son consistentes con esta nueva idea de poblaciones cometarias. Algunas de las mayores extinciones masivas en el pasado lejano, por ejemplo la que acabó con los dinosaurios hace 65 millones de años, pueden asociarse de forma similar a esta hipótesis de los cometas gigantes.

El Profesor Napier comenta que: “En las tres últimas décadas hemos invertido mucho trabajo en rastrear y analizar el riesgo de colisión entre la Tierra y un asteroide. Nuestro trabajo sugiere que tenemos que mirar más allá de nuestro vecindario más cercano, y observar más allá de la órbita de Júpiter para encontrar centauros. Si estamos en lo cierto, entonces, estos cometas lejanos podrían ser un peligro muy serio, y es el momento de comprenderlos mejor”.

Los investigadores también han descubierto pruebas en campos distintos de la ciencia que apoyan su modelo. Por ejemplo, las edades de los cráteres submilimétricos identificados en las rocas lunares retornadas por el programa Apollo son casi todos de una edad de apenas 30 000 años, lo que indica un enorme aumento del polvo en el Sistema Solar interior desde entonces.

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