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Artículo publicado por Rod Pyle el 22 de octubre de 2015 en Caltech News

Traducción realizada por Dina Ródenas

Una nueva investigación estudia a qué prestan atención del “mundo real” las personas con trastornos del espectro autista (TEA).

La forma en que una persona con TEA percibe el mundo es única. Desde la infancia, una persona con TEA observa e interpreta las imágenes y las convenciones sociales de un modo diferente a los demás. Investigadores de Caltech tienen hoy una nueva visión sobre cómo se da esta percepción, lo que, finalmente, podría ayudar en los diagnósticos médicos, y a implementar un mejor tratamiento en algunas formas del trastorno. El trabajo está detallado en un estudio publicado el 22 de Octubre en la revista Neuron.

autism

Autismo

Entre los síntomas asociados a los trastornos del espectro autista, se incluyen los problemas de interacción social, dificultad para la comunicación, áreas de interés muy focalizadas, y comportamientos repetitivos (estereotipias). La investigación sugiere que estos comportamientos están directamente relacionados con cómo una persona con TEA ve y percibe el mundo.

Este nuevo estudio ha investigado cómo se interpretan los estímulos visuales en el cerebro de alguien con TEA. En concreto, se ha examinado la validez de parámetros dados por válidos durante mucho tiempo, como el de que una persona con TEA no se fija en las expresiones faciales, lo que contribuiría a su falta de capacidad para actuar correctamente en situaciones sociales.

“Entre otros hallazgos, nuestro trabajo muestra que las cosas no son tan simples como decir que ‘las personas con TEA no miran a la cara’. De hecho, ellos no ven la mayor parte de las cosas de una forma ‘típica'”, dice  Ralph Adolphs,  Catedrático Bren de Psicología y Neurociencia y profesor de biología, en cuyo laboratorio se ha desarrollado el estudio. De hecho, los investigadores han descubierto que las personas con TEA prestan más atención a imágenes no sociales, a los bordes y patrones simples de esas imágenes, que a las caras de las demás personas.

Para llegar a estas conclusiones, Adolphs y los miembros de su laboratorio formaron equipo con Qi Zhao, un profesor adjunto de Ingeniería Eléctrica y de la Computación, en la Universidad Nacional de Singapur, el autor senior del artículo, que es quien ha desarrollado y detallado el método usado en el estudio.

Los investigadores mostraron 700 imágenes a 39 sujetos de estudio. 20 de los sujetos eran personas con TEA de alta autonomía, y 19 eran sujetos de control neurotípicos (sin TEA). Los dos grupos fueron emparejados según edad, raza, sexo, nivel educativo y coeficiente intelectual. Cada sujeto vio las imágenes durante 3 segundos, mientras un dispositivo de monitorización de movimiento ocular grababa sus patrones de atención a los objetos representados en la imágenes.

Al contrario que en otros estudios, que usan representaciones abstractas de objetos individuales, o rostros, las imágenes que Adolphs y su equipo usaron contenían combinaciones de más de 5500 elementos del “mundo real”, tales como personas, árboles, y muebles, así como objetos menos comunes – cuchillos, o llamaradas –  en localizaciones naturales, imitando las escenas que cualquiera podría observar en su día a día.

“Las imágenes complejas de escenas naturales eran una parte muy importante de este nuevo enfoque”, dice el primer autor del estudio, Shuo Wang (PhD ’14), un postdoctorado de Caltech. Las imágenes fueron mostradas a los sujetos en un contexto semántico rico en detalles, “lo que, simplemente, quiere decir que las escenas tenían sentido”, explica. “Puedo diseñar una escena igualmente compleja usando Photoshop, combinando algunos objetos al azar, como una pelota de playa, una hamburguesa, un frisbee, un bosque, y un avión; pero esa agrupación de objetos no significaría nada, no hay ninguna historia detrás. Disponer objetos que están relacionados de una forma natural y que muestren algo que tenga sentido es lo que nos proporciona el contexto semántico. Es una aproximación al ‘mundo real'”.

Además de validar estudios previos que muestran, por ejemplo, que las personas con TEA se sienten menos atraídas por las expresiones faciales que los sujetos de control, con el nuevo estudio se ha descubierto que estas personas se sienten fuertemente atraídas por la parte central de las imágenes, independientemente de su contenido. De un modo similar, tienden a centrar su mirada en objetos que están de algún modo destacados en la imagen, debido, por ejemplo, a diferencias de color y contraste, antes que en los rostros. Tomemos como ejemplo una imagen del estudio que muestra a dos personas hablando, una mirando a la cámara, y otra de espaldas, de modo que se ve solamente la parte trasera de su cabeza. Los sujetos de control se concentraron en el rostro visible, mientras que los sujetos con TEA se fijaron por igual en ambas personas (la que estaba de frente y la de espaldas).

“La mayor utilidad de este estudio, probablemente, es para dar información sobre el diagnóstico”, dice Adolphs. “El autismo tiene muchos matices. Nuestro estudio es un primer paso para tratar de descubrir con qué tipos diferentes de autismo podemos encontrarnos. El próximo paso será ver si todas las personas con TEA muestran el mismo tipo de patrón que hemos hallado. Hay muchas diferencias posibles entre cada persona con TEA, y esas diferencias son las que podrían ayudarnos a definir el diagnóstico, revelando, por ejemplo, diferentes subtipos en el autismo. Una vez se hayan identificado esos subtipos, podremos empezar a plantearnos qué tipo de tratamiento puede ser el mejor para cada uno”.

Adolphs planea continuar con esta linea de investigación, usando técnicas de resonancia magnética para monitorizar la actividad cerebral de personas con TEA mientras están viendo imágenes en el laboratorio similares a las que vieron durante el estudio.

El artículo, “Atypical Visual Saliency in Autism Spectrum Disorder Quantified through Model-Based Eye Tracking”, ha sido realizado por Shuo Wang y Ralph Adolphs en Caltech; Ming Jiang y Qi Zhao, de la Universidad Nacional de Singapur; Xavier Morin Duchesne y Daniel P. Kennedy de la Universidad de Indiana en Bloomington; y Elizabeth A. Laugeson de UCLA.

 

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