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Artículo publicado por Lee Billings el 10 de diciembre de 2015 en Scientific American

Dos nuevos y controvertidos estudios sugieren el descubrimiento de grandes objetos en los límites exteriores del Sistema Solar.

Durante décadas, los astrónomos han buscado un posible “Planeta X” en los confines de nuestro Sistema Solar, especulando que un objeto grande y oscuro podría estar merodeando allí fuera, y que su influencia gravitatoria ocasionalmente crearía problemas en las órbitas de los objetos que vemos. Hay grandes incentivos para buscarlo: cuando los astrónomos buscaban un Planeta X más allá de Urano en 1846, descubrieron Neptuno; cuando buscaban uno más allá de Neptuno, en 1930, encontraron Plutón. Desde entonces, la búsqueda de un Planeta X más allá de Plutón ha tenido un gran éxito — los astrónomos han encontrado tantos nuevos objetos transneptunianos (TNOs) similares a Plutón, que ha sido más sensato degradar a Plutón de la hermandad planetaria que aumentar la población de planetas del Sistema Solar a cientos. Después de todo, incluso los más grandes TNOs encontrados apenas tenían el tamaño de Plutón — los astrónomos no han tenido noticias de nada que merezca llevar el nombre de “Planeta X”.

Sistema de Plutón

El sistema de Plutón

Es decir, quizá, hasta ahora. El 8 de diciembre investigadores de Suecia y México enviaron discretamente dos artículos a la prestigiosa revista Astronomy & Astrophysics, anunciando que habían descubierto no uno, sino dos posibles candidatos a Planeta X. La discreción no duró mucho. Incluso aunque ninguno de los artículos había sido aceptado aún para la revisión por pares y publicación, los investigadores subieron ambos a arXiv, un repositorio público en línea para borradores de artículos, donde apareció la pasada noche. Hoy, cuando las afirmaciones sobre nuevos planetas encontrados en nuestro Sistema Solar resuenan por todo el mundo en artículos de noticias y blogs, otros astrónomos están revisando los artículos y reaccionan, mayormente, con escepticismo. Los debates entre expertos en foros públicos como Twitter y Facebook ofrecen una visión en tiempo real del, a veces, complejo desarrollo del proceso científico.

“Normalmente prefiero subir sólo artículos aceptados”, comenta Wouter Vlemmings, astrónomo de la Universidad Chalmers de Tecnología en Suecia y coautor de ambos estudios. “Sin embargo, en esta ocasión, hemos agotado nuestras ideas. … Al subirlo a arXiv queríamos específicamente llegar a la comunidad, y que nos dijese si hemos pasado algo por alto, en cuyo caso intentaremos retirar los artículos…. Con lo que personalmente no contaba era con el impacto que ha tenido fuera de la comunidad astronómica”.

Uno de los candidatos, llamado “Gna” (por la “veloz diosa mensajera nórdica”, comenta Vlemmings) se muestra en el cielo cerca de la estrella W Aquilae mientras que el otro, aún sin nombre, aparece adyacente a la estrella más cercana a nuestro Sistema Solar, Alfa Centauri. Los astrónomos detectaron ambos objetos usando el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA), un gran grupo de antenas de radio situadas en las alturas del desierto de los Andes chilenos, y pensaron inicialmente que los cuerpos eran tenues brillos de lejanas galaxias de fondo. Pero en pares distintos de imágenes tomadas a lo largo de un periodo de meses, ambos objetos parecían moverse rápidamente contra el fondo “fijo” de estrellas, lo que sugiere que están en la proximidad cósmica de nuestro Sistema Solar. Hay una considerable incertidumbre acerca de las propiedades de los objetos, debido a que sólo se han observado dos veces, y hay cuerpos con un amplio rango de tamaños, composiciones y distancias que podrían explicar el brillo observado.

Gna, dicen los investigadores, es probable que sea un asteroide de 200 kilómetros de diámetro que flote entre Saturno y Urano, pero también podría ser un planeta del tamaño de Neptuno que vague a la deriva cientos de veces más lejos, o una estrella fallida —una enana marrón del tamaño de Júpiter — que pase por el cercano espacio interestelar. De forma similar, el objeto observado en la dirección de Alfa Centauri podría ser una enana marrón, una superTierra a medio camino entre el tamaño de nuestro planeta o Neptuno a seis veces la distancia del Sol a Plutón, o un pedazo de hielo de proporciones impresionantes mucho más cercano.

También podría ser que ambos objetos no fuesen más que ilusiones, ruido aleatorio que reverbera por el más complejo y ambicioso conjunto de radiotelescopios del mundo. De acuerdo con Scott Sheppard, científico planetario en la Institución Carnegie para la Ciencia y que trabaja en estudios sobre el Sistema Solar exterior, el hecho de que sólo dos observaciones de cada uno apoyen las afirmaciones del descubrimiento, hace que sea difícil de creer. “Cualquier cosa podría crear dos detecciones aleatorias, y siempre se puede encontrar una línea recta que pase por dos puntos”, explica Sheppard. Para demostrar que alguno de los objetos es real, señala, se requeriría de una tercera detección, una que demuestre un movimiento lineal claro del objeto a una velocidad consistente.

Lo que son estos objetos, y si existen, es una cuestión abierta. Lo que está claro, sin embargo, es que las búsquedas anteriores han establecido unos límites en las posibilidades de cualquier Planeta X. Una búsqueda en todo el cielo realizada por el telescopio espacial WISE de la NASA encontró anteriormente que no existían signos de ningún planeta adicional del tamaño de Júpiter en un radio de tres billones de kilómetros alrededor del Sol, y nada del tamaño de Saturno a la mitad de esa distancia. Algo más pequeño y tenue, como una superTierra podría estar ahí fuera, invisible, pero encontrarla con una serendipia tan afortunada como unas medidas rutinarias de ALMA es estadísticamente improbable, dicen los astrónomos.

Mike Brown, famoso astrónomo de Caltech y autodenominado como el “asesino de Plutón”, quien descubrió varios grandes TNOs que destronaron al antiguo planeta, esgrime otro argumento estadístico en Twitter contra las afirmaciones sobre los nuevos planetas. “Si es cierto que ALMA descubrió accidentalmente un objeto masivo en el Sistema Solar exterior en su minúsculo campo de visión”, tuitea Brown, “esto sugeriría que hay unos 200 000 planetas del tamaño de la Tierra en las afueras del Sistema Solar. Algo que no creo”.

“Aún mejor”, añade más tarde, “acabo de darme cuenta de que si existieran todos estos planetas del tamaño de la Tierra, desestabilizarían todo el Sistema Solar, y moriríamos”. Dicho esto, Brown señala que: “La idea de que pudiese haber grandes planetas merodeando por el Sistema Solar es perfectamente plausible”.

Muchas de las reacciones más mordaces llegaron de astrónomos que debatían los resultados en un grupo público de Facebook dedicado a fotografiar exoplanetas — es decir, planetas alrededor de otras estrellas. (Actualización: el grupo, desde entonces, se ha convertido en privado). Tras tuitear que los dos artículos “generarán 1000 notas de prensa y anotaciones en blogs indudablemente incorrectas”, el astrónomo de la Universidad de Rochester Eric Mamajek detallaba lo que él piensa que son serias inconsistencias en las medidas de movimiento y brillo de ambos objetos. “Es de suponer que Gna significa  ‘Goofy Non-Asteroid’ (Ridículo no-asteroide)”, se burla Mamajek, antes de sugerir que los objetos podrían tal vez deberse a actividad de galaxias lejanas, simplemente malinterpretados como mucho más cercanos a la Tierra. “Por favor, que nos pasen lo que sea que fumen en Onsala”, añade.

En el mismo grupo, el astrónomo Bruce Macintosh, de la Universidad de Stanford apunta la “asombrosa coincidencia” de que los dos primeros objetos transneptunianos descubiertos por ALMA se encuentren justo al lado de estrellas brillantes. Muy probablemente, según las suposiciones de Macintosh, estos supuestos objetos sean en realidad “algún artefacto residual” — espejismos producidos en los datos por los complejos métodos de calibración de ALMA.

Vlemmings insiste en que él y sus colegas han comprobado cuidadosamente estos y otros escenarios, pero en vano. Sea lo que sean, los objetos simplemente parecer ser demasiado brillantes y puntuales como para explicarse como galaxias lejanas, y su proximidad a estrellas brillantes, comenta, realmente ayudó a la calibración de los datos y redujo la probabilidad de errores observacionales. “Aun así, ciertamente estamos abiertos a tales opciones y hemos enviado varias veces solicitudes a los colegas de ALMA [pidiéndoles] si podían dar una respuesta a cómo esas fuentes podrían crearse de forma artificial”, explica Vlemmings. “Aún no ha dicho nadie cómo podría hacerse”. El juicio de estas afirmaciones en el juzgado de la opinión pública ha traído algunas ventajas, añade Vlemmings. Aunque no queríamos esta súbita atención pública, “la retroalimentación de más ayuda que hemos recibido hasta el momento han sido las numerosas ofertas para observar con otros instrumentos”. Con algo de ayuda del resto de la comunidad astronómica, las pruebas a favor – o en contra – del nuevo Planeta X pueden no estar tan lejos, después de todo.

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