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Artículo publicado el 30 de noviembre de 2015 en la Universidad de Durham

Los investigadores que trabajan analizando el potencial impacto de las erupciones volcánicas en el clima de las regiones polares, han concluido que podrían tener efectos desestabilizadores sobre los casquetes polares.

El equipo de la Universidad de Durham encontró que las erupciones volcánicas masivas podrían, potencialmente, provocar un calentamiento localizado en la Antártida y Groenlandia.

La investigación buscó vínculos entre enormes erupciones volcánicas y las temperaturas polares durante la última Edad de Hielo.

Firewall - vulcan eruption

Erupción Volcánica Crédito: Olafur Magnusson

Las conclusiones sugieren que algunos periodos de calentamiento de la Antártida hace entre 30 000 y 80 000 años estuvieron provocados por erupciones volcánicas en el hemisferio norte, las cuales provocaron un cambio en los patrones meteorológicos del planeta.

El hemisferio norte se enfrió cuando las partículas volcánicas reflejaron el calor del Sol, forzando unos frentes templados en el sur que llevaron a un calentamiento de la Antártida, señalan los investigadores.

Inversamente, la investigación también sugiere que las erupciones en el hemisferio sur podrían haber disparado un súbito calentamiento en Groenlandia durante la última Edad de Hielo.

Las conclusiones se publican en la revista Scientific Reports.

El equipo de Durham, del Departamento de Ciencias de la Tierra, comenta que sus hallazgos demuestran que los efectos potenciales de las erupciones volcánicas deberían considerarse a la hora de predecir futuros cambios climáticos.

Investigaciones anteriores demuestran que hubo varios episodios de rápido y sustancial calentamiento en Groenlandia, de unos 10º C, durante la última Edad de Hielo.

Tal aumento podría tener, potencialmente, consecuencias catastróficas para el casquete polar de Groenlandia, y elevar el nivel del mar de suceder en la actualidad.

El autor principal, el Dr. James Baldini comenta: “Aunque esto podría no ser una amenaza inmediata, deberíamos considerar esta nueva perspectiva respecto a los efectos que las grandes erupciones volcánicas podrían tener en un futuro cambio climático.

Las condiciones climáticas de fondo actuales son diferentes ahora de lo que eran durante la última Edad de Hielo, dado que no hay grandes casquetes polares en el hemisferio norte para amplificar los efectos de la erupción original. Sin embargo, el gas invernadero y las  emisiones de sulfatos de origen humano desde la Revolución Industrial ya han afectado a los patrones meteorológicos.

Hemos de tener en cuenta la realidad de que una gran erupción volcánica podría añadirse de forma inesperada a este problema. Por ejemplo, una gran erupción en el hemisferio norte que produzca incluso un calentamiento moderado en la Antártida, al combinarse con la ya inestable Capa de Hielo de la Antártida Occidental, podría tener unas consecuencias muy serias”.

Los investigadores examinaron datos procedentes de estudios anteriores que observaban muestras de testigos de hielos y estalagmitas que proporcionan un registro natural de los cambios de temperatura y patrones de precipitaciones a lo largo de largos periodos de tiempo.

Hallaron pruebas que sugieren que los cambios en la posición de los frentes meteorológicos estaban asociados con erupciones volcánicas.

Por ejemplo, la supererupción de Toba en el hemisferio norte, hace unos 74 000 años, parece haber iniciado un sustancial enfriamiento en Groenlandia, calentando la Antártida, y con un movimiento hacia el sur de las cinturones de lluvia tropicales.

Las verdaderas supererupciones sólo se dan una o dos veces cada varios cientos de miles de años, siendo la última conocida la que tuvo lugar en Nueva Zelanda hace unos 26 000 años. Tales erupciones son entre 100 y 1000 veces mayores que la erupción del Vesubio que destruyó la ciudad romana de Pompeya.

Sin embargo, aparecen con mayor frecuencia erupciones algo menores, con al menos una erupción muy grande cada mil años, y éstas son las que se tienen en cuenta en el estudio.

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