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Artículo publicado el 26 de octubre de 2015 en NASA JPL

Donde hay gente, hay bacterias, incluso en el espacio. Pero, ¿qué tipo de bacterias están presentes allí donde viven y trabajan los astronautas?

Investigadores del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA en Pasadena, California, en colaboración con colegas de otras instituciones, usaron un vanguardista análisis molecular para explorar el entorno microbiano de la Estación Espacial Internacional. Luego compararon estos resultados con las bacterias halladas en las salas estériles, que son entornos de laboratorio terrestres controlados y limpiados cuidadosamente. Informan de sus hallazgos en la revista de libre acceso Microbiome.

Orión y la ISS

Cápsula Orion y la EEI

Al examinar las muestras procedentes de un filtro de aire y una bolsa de residuos de la aspiradora de la Estación Espacial, los investigadores encontraron patógenos bacterianos oportunistas que son mayormente inocuos en la Tierra, pero que pueden llevar a infecciones que den como resultado inflamaciones o irritaciones de la piel. En general, encontraron que las bacterias asociadas a la piel humana Corynebacterium y Propionibacterium (Actinobacterias) pero no Staphylococcus eran más abundantes en la estación que en las salas estériles de la Tierra.

“Estudiar la comunidad microbiana de la Estación Espacial nos ayuda a comprender mejor las bacterias que están presentes allí, de forma que podemos identificar especies que potencialmente podrían dañar el equipo, o suponer una amenaza para la salud de los astronautas. También nos ayuda a identificar áreas que necesitan una limpieza más rigurosa”, explica Kasthuri Venkateswaran, quien dirigió la investigación en el JPL junto a sus colaboradores, Aleksandra Checinska, primera autora del estudio, y Parag Vaishampayan.

Las conclusiones de este estudio ayudarán a la NASA a establecer una línea base para monitorizar la limpieza de la Estación Espacial, lo cual, a su vez, ayudará a gestionar la salud de los astronautas en el futuro. Sin embargo, con este tipo concreto de análisis de ADN, los investigadores no pudieron concluir si estas bacterias eran perjudiciales para la salud de los astonautas.

La estación espacial es un entorno único, el cual presenta microgravedad, radiación espacial, altos niveles de dióxido de carbono y una presencia constante de humanos. Comprender la naturaleza de las comunidades microbianas – lo que los científicos llaman “el microbioma” – en la estación espacial, es clave para gestionar la salud de los astronautas y el mantenimiento del equipo.

Estudios anteriores de la estación han usado técnicas tradicionales de la microbiología, como cultivos de bacterias y hongos en laboratorio, para evaluar la composición de la comunidad microbiana. Ahora, Venkateswaran y sus colegas usan las últimas tecnologías de secuenciación de ADN para identificar con rapidez y precisión los microorganismos presentes en la estación espacial.

“La secuenciación nos permite tener una visión más cercana de la población microbiana que los métodos tradicionales”, señala Venkateswaran.

El equipo comparó las muestras procedentes del filtro de aire de la estación y la bolsa de residuos de la aspiradora de dos salas estériles con polvo tomado de dos salas estériles de JPL. Mientras que por las salas estériles circula aire fresco, en la estación espacial se filtra y recircula el aire existente. También es importante señalar que siempre hay seis personas viviendo en la estación espacial, mientras que en una sala estéril puede haber hasta 50 personas entrando y saliendo cada día, pero no habitándola continuamente. Las salas estériles no son herméticas, pero hay varias capas de salas que evitan el libre intercambio de partículas de aire.

Los investigadores analizaron las muestras buscando microorganismos, y luego tiñeron las células con una tintura para determinar si estaban vivas o muertas. Esto les permitió medir la velocidad y diversidad de las poblaciones bacterianas y fúngicas viables, y determinar el nivel de similitud entre las condiciones de las salas estériles de la Tierra en comparación con el entorno de la estación espacial.

Sus resultados demuestran que la Actinobacteria constituye una mayor proporción de la comunidad microbiana en la Estación Espacial con respecto a las salas estériles. Los autores concluyen que esto podría deberse a los regímenes más estrictos de limpieza que son posibles en la Tierra. La investigación no aborda la virulencia de estos patógenos en entornos cerrados, o el riesgo de infecciones cutáneas en los astronautas.

Usando estas novedosas tecnologías de secuenciación de ADN, los investigadores también podrían, en el futuro, estudiar cómo afecta la microgravedad a las bacterias. La idea actual es que la microgravedad no es favorable, en general, para la supervivencia de las bacterias pero algunas especies puede lidiar con ella y hacerse más virulentas. Tal investigación será importante para las misiones espaciales de larga duración, como el viaje a Marte de la NASA.

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