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Artículo publicado por Stuart Wolpert el 19 de octubre de 2015 en UCLA

Geoquímicos de UCLA han encontrado pruebas de que existía vida en la Tierra hace 4100 millones de años — 300 millones de años antes de lo que sugerían las anteriores investigaciones. El descubrimiento indica que la vida puede haberse formato poco después de que se formase el planeta, hace 4 540 millones de años.

La investigación se publica en la edición en línea anticipada de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences.

Australian Zircon - WL

Circonio australiano

“Hace veinte años, esto se habría considerado herético; encontrar pruebas de vida de hace 3800 millones de años sería algo impactante”, señala Mark Harrison, coautor de la investigación y profesor de geoquímica en UCLA.

“La vida en la Tierra pudo haber empezado casi de forma instantánea”, añade Harrison, miembro de la Academia Nacional de Ciencias. “Con los ingredientes adecuados, la vida parece formarse muy rápidamente”.

La nueva investigación sugería que la vida existió antes del bombardeo masivo del Sistema Solar interior que creó los grandes cráteres lunares hace 3900 millones de años.

“Si toda la vida en la Tierra se extinguió durante el bombardeo, lo cual han defendido algunos científicos, entonces la vida debió haberse iniciado de nuevo rápidamente”, señala Patrick Boehnke, coautor de la investigación y estudiante graduado del laboratorio de Harrison.

Los científicos han pensado desde hace mucho tiempo que la Tierra era seca y desolada durante ese periodo de tiempo. La investigación de Harrison — incluyendo un estudio de 2008 en Nature del que fue coautor junto a Craig Manning, profesor de geología y geoquímica en UCLA, y la antigua estudiante graduada en UCLA Michelle Hopkins — demuestra lo contrario.

“La joven Tierra ciertamente no era un planeta tan infernal, seco e hirviente; no vemos absolutamente ninguna prueba de ello”, dijo Harrison. “El planeta era probablemente mucho más similar a lo que es hoy de lo que anteriormente se pensaba”.

Los investigadores, dirigidos por Elizabeth Bell — becaria de posdoctorado en el laboratorio de Harrison — estudió más de 10 000 circonios formados originalmente a partir de rocas fundidas, o magmas, de Australia Occidental. Los circonios son minerales pesados y perdurables relacionados con las circonitas cúbicas sintéticas usadas para imitaciones de diamantes. Capturan y conservan su entorno inmediato, lo que significa que sirven como cápsulas del tiempo.

Los científicos identificaron 656 circonios que contienen motas negras de las que 79 pudieron desvelarse y analizarse en detalle mediante espectroscopia Raman, una técnica que muestra la estructura química y molecular de antiguos microorganismos en tres dimensiones.

Bell y Boehnke, pioneros en pruebas químicas y mineralógicas para determinar la condición de antiguos circonios, buscaron carbono, el componente clave para la vida.

Uno de los 79 circonios contenía grafito – carbono puro – en dos posiciones.

“La primera vez que quedó expuesto este grafito en los últimos 4100 millones de años es cuando Beth Ann y Patrick realizaron las medidas este año”, señala Harrison.

¿Qué confianza tienen en que el circonio representa un grafito de 4100 millones de años?

“Mucha confianza”, explica Harrison. “No hay un caso mejor de inclusión primaria en un mineral jamás documentado, y nadie ha ofrecido una explicación alternativa plausible para el grafito de origen no biológico en el circonio”.

El grafito es más antiguo que el circonio que lo contiene, dicen los investigadores. Saben que el circonio tiene una antigüedad de 4100 millones de años, basándose en la proporción de uranio a plomo; no saben qué antigüedad tiene el grafito.

La investigación sugiere que la vida en el universo podría ser abundante, explica Harrison. En la Tierra, la vida simple parece haberse formado rápidamente, pero probablemente necesitó muchos millones de años para que la vida simple evolucionase la capacidad de fotosíntesis.

El carbono contenido en el circonio tiene una firma característica — una proporción específica de carbono-12 a carbono-13 — lo que indica la presencia de vida fotosintética.

“Tenemos que pensar de forma diferente sobre la joven Tierra”, señala Bell.

Wendy Mao, profesora asociada de ciencias geológicas y ciencia fotónica en la Universidad de Stanford, es coautora de la investigación.

La investigación estuvo patrocinada por la Fundación Nacional de Ciencia y la Beca Posdoctoral sobre el Origen de la Vida de la Colaboración Simons otorgada a Bell.

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