Etiquetas

,

Artículo publicado por Christine Pulliam el 21 de octubre de 2015 en CfA

La Estrella de la Muerte de la película Star Wars puede ser ficción, pero la destrucción planetaria es real. Los astrónomos anunciaron que han observado un objeto grande y rocoso que se está desintegrando en una espiral mortal alrededor de una lejana enana blanca. El descubrimiento también confirma una vieja teoría sobre la fuente de “contaminación” de metales en las enanas blancas.

“Esto es algo que ningún humano ha visto antes”, dice el autor principal Andrew Vanderburg del Centro Harvard-Smithsonian para Astrofísica (CfA). “Estamos viendo la destrucción de un sistema solar”.

Concepción artística del asteroide

Concepción artística del asteroide Crédito: Mark A. Garlick

Las pruebas de este sistema único llegaron de la misión Kepler K2 de la NASA, que monitoriza estrellas buscando una bajada de brillo que tiene lugar cuando un cuerpo en órbita cruza frente a la estrella. Los datos revelaron una bajada regular en el brillo cada 4,5 horas, lo que coloca al objeto en una órbita a unos 800 000 kilómetros de la enana blanca (aproximadamente el doble de la distancia de la Tierra a la Luna). Éste es el primer objeto planetario en observarse en tránsito alrededor de una enana blanca.

Vanderburg y sus colegas realizaron observaciones adicionales usando un número de instalaciones terrestres: los telescopios MINERVA de 1,2 metros en el Observatorio Whipple, el MMT, el MEarth-South, y el Keck.

Combinando todos los datos, hallaron señales de varios trozos adicionales de material, todos en las órbitas entre 4,5 y 5 horas. El tránsito principal era particularmente prominente, atenuando a la estrella en un 40 por ciento. La señal del tránsito también mostró un patrón similar al de los cometas. Ambas características sugieren la presencia de una gran nube de polvo alrededor del fragmento. La cantidad total de material se estima aproximadamente en la masa del Ceres, un objeto del tamaño de Texas que es el asteroide de mayor tamaño del cinturón principal de nuestro Sistema Solar.

La enana blanca se sitúa  a unos 570 años luz de la Tierra, en la constelación de Virgo. Cuando una estrella similar al Sol alcanza el final de su vida, se hincha hasta formar una gigante roja y se desprende de sus capas exteriores. El núcleo caliente que queda, del tamaño de la Tierra, es una estrella enana blanca, y normalmente consta de carbono y oxígeno con una fina capa de hidrógeno y helio.

A veces, sin embargo, los astrónomos encuentran una enana blanca que muestra signos de elementos más pesados, como silicio y hierro, en su espectro de luz. Esto supone un misterio debido a que la potente gravedad de una enana blanca debería sumergir rápidamente estos metales.

“Es como el bateo del oro – el material pesado se hunde al fondo. Estos metales se hundirían en el interior de la enana blanca, donde no podemos verlos”, explica el coautor de Harvard John Johnson (CfA).

Los teóricos especularon que las enanas blancas mostraban signos de “contaminación” por metales pesados cuando consumían planetas rocosos o asteroides. Sin embargo, las pruebas a menudo eran circunstanciales. Una fracción de enanas blancas contaminadas mostraban signos de discos de polvo a su alrededor, pero el origen de dichos discos era incierto. Este sistema muestra los tres elementos: una enana blanca contaminada, un disco de escombros a su alrededor y, al menos, un objeto compacto rocoso.

“Ahora tenemos una prueba definitiva vinculando la contaminación de la enana blanca y la destrucción de planetas rocosos”, explica Vanderburg.

Siguen preguntas abiertas sobre el origen de estos objetos rocosos. El escenario más probable es que la órbita de un planeta existente se desestabilizó y fue lanzando hacia el interior.

Lo cierto es que los objetos restantes no durarán para siempre. Serán evaporados por el intenso calor de la enana blanca. También están orbitando muy cerca del radio de marea, o la distancia a la que las mareas gravitacionales procedentes de la enana blanca pueden hacer pedazos un cuerpo rocoso. En los próximos millones de años, todo lo que quedará de estos trozos de asteroides será una fina capa de polvo de metal sobre una inocente estrella enana blanca.

El descubrimiento se publica en el ejemplar del 22 de octubre de 2015 de la revista Nature.

Anuncios