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Artículo publicado por Ulinka Rublack el 22 de octubre de 2015 en la Universidad de Cambridge

Ulinka Rublack, Catedrática de Historia Europea de la Alta Edad Moderna, debate sobre la reputación del astrónomo Johannes Kepler y su madre Katharina, y el juicio por brujería que se alargó durante seis años.

Johannes Kepler (1571-1630) es uno de los astrónomos más famosos de la historia. Defendió el universo heliocéntrico de Copérnico y descubrió que los planetas se mueven a lo largo de trayectorias elípticas. Una misión de la NASA, cuya misión es la búsqueda de planetas, toma su nombre de él.

Aun así, en los últimos años, Kepler y su familia han aparecido como gente sospechosa, incluso asesina. En 2004, por ejemplo, un equipo de periodistas estadounidenses defendía que Kepler envenenó sistemáticamente al hombre al que sucedió en la corte de Rodolfo II en Praga: Tycho Brahe. Puede ser perfectamente el científico con peor reputación.

Johannes Kepler

Johannes Kepler, 1610

Pero la mayoría de los agravios rodean a la madre del astrónomo, Katharina. En la famosa historia de la astronomía de Arthur Koestler, The Sleepwalkers, donde Katharina es caracterizada como una “abominable mujercilla” cuya maléfica lengua y “sospechoso historial” la predestinaba como víctima de la caza de brujas.

Luego tenemos la novela histórica ampliamente galardonada de John Banville, Kepler, que retrata vívidamente a Katharina como una grosera anciana que regentaba un peligroso negocio de sanación hirviendo pociones en una olla negra. Se reunía con viejas brujas en una cocina infestada de olor a gato. En su jardín yace una rata muerta. Kepler trata desesperadamente de ocultar las artes mágicas de su madre a su esposa en su visita a Katharina, cuando su madre busca una bolsa llena de alas de murciélago. Esta horrenda madre es aterradora, repugnante, y probablemente una bruja.

Hay algo detrás de todas estas pistas: estos retratos nacen del asombroso hecho de que hace 400 años, cuando su hijo estaba en la cima de su carrera científica, Katharina Kepler fue acusada de brujería. Debido a esto es por lo que se ha convertido en un lugar común en la literatura anglo-americana describir a la madre de Kepler como una vieja arpía, medio loca, difícil y extravagante.

Pero, ¿cuál es la historia real? Kepler ciertamente debe aparecer como uno de los científicos más influyentes nacidos en un entorno desfavorable. Mientras que el padre de Galileo era un notable erudito de la música, el de Kepler era un soldado que se mantuvo alejado de su familia. Sus padres se separaron y el único hermano de una edad cercana sufría epilepsia. Esto hizo difícil que su hermano asistiese a la escuela o aprendiese un oficio.

Johannes Kepler, por contra, pronto se reveló como un chico de un extraordinario talento. Fue reclutado por uno de los sistemas luteranos de enseñanza más avanzados de Alemania en esa época, y vivió en internados. En una ocasión peleó contra un chico que insultó a su padre, y fue en sus años de adolescencia cuando su padre desapareció definitivamente.

Kepler escribió una breve y sombría caracterización de sus padres y su familia paterna en la época en la que finalizó la universidad. También escribió sobre sí mismo como un joven imperfecto, obsesivamente interesado por la fama, preocupado por el dinero, incapaz de comunicar sus ideas de una forma sencilla. Estas piezas literarias han servido principalmente como prueba para aquellos que quieren describir a Kepler y su familia como horrenda, incluso homicida.

Aun así, estos escritos tienen que ponerse en contexto. Kepler escribió sobre ellos muy al principio de su vida, y lo hizo para analizar sus horóscopos. La convención astrológica era señalar problemas de carácter en lugar de alabar a la gente. Kepler era un hombre profundamente cristiano, y una de sus características más impresionantes es lo optimista que empezó a sentirse desde muy pronto respecto al mundo en el que vivía, a pesar de su mala fortuna y la inminente guerra. Formó su propia familia y cuidó con cariño de su esposa e hijos. Kepler confiaba en la importancia de sus descubrimientos y producción, incluso aunque nunca se le ofreció una plaza en la universidad.

Posteriormente llegó la acusación contra su madre. Los procesos que llevaron al juicio duraron seis años. El matemático del imperio se encargó formalmente de la defensa legal de su madre. Ninguna otra figura pública intelectual se habría implicado en un papel similar, pero Kepler paralizó toda su vida, almacenó en cajas sus libros, papeles e instrumentos, se mudó junto a su familia al sur de Alemania, y pasó casi un año intentando sacar a su madre de prisión.

Los registros locales de la pequeña ciudad en la que vivió Katharina Kepler son abundantes. No hay pruebas de que fuese criada por una tía que fue quemada por brujería – éste era uno de los cargos que sus enemigos inventaron. Tampoco hay pruebas de que se ganase la vida con la sanación – simplemente realizaba brebajes a partir de mezclas de hierbas para sí misma, y los ofrecía como ayuda a otros, como cualquier otra. A sus casi ochenta años, Katharina Kepler soportó un juicio y encarcelamiento, durante el cual estuvo encadenada al suelo durante más de un año.

La defensa de Kepler fue una obra maestra de la retórica. Desmanteló las inconsistencias de la acusación y demostró que las enfermedades “mágicas” de las que se culpaba a su madre podían explicarse usando el conocimiento médico y el sentido común. En el otoño de 1621, se otorgó a Katharina la libertad.

Johannes Kepler y su madre pasaron por una de las tragedias más épicas en la época de la caza de brujas. Es el momento de reevaluar qué tipo de hombre fue Kepler: no se merece ser el científico con peor reputación. Y tampoco merece su madre ser descrita como una bruja.

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