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Artículo publicado por Lee Billings el 28 de septiembre de 2015 en Scientific American

El riesgo de contaminación microbiana podría evitar que los humanos, e incluso los robots, visiten las partes más prometedoras del Planeta Rojo.

Científicos de la NASA han anunciado las mejores pruebas hasta el momento de que Marte, que en una época se pensó que era seco, estéril, y muerto, puede aún tener vida en él: el agua líquida parece que aún fluye en, al menos, algunas partes del Planeta Rojo, filtrándose desde las laderas para acumularse en lo que podrían ser piscinas que promuevan la vida en la base de los cráteres y colinas ecuatoriales.Estos notables lugares de Marte pueden ser los mejores del Sistema Solar para buscar vida extraterrestre, pero hacerlo será una tarea de todo menos sencilla.

Examinar las regiones potencialmente habitables de Marte buscando signos de vida podría decirse que es la principal justificación científica para enviar humanos allí pero, de acuerdo con una nueva revisión conjunta de la Academia Nacional de Ciencias y la Fundación Europea para la Ciencia, actualmente no estamos preparados para hacerlo.

La conquista de Marte

La conquista de Marte

El problema no son cohetes que explotan, los recortes de presupuesto, la poca ética política, o un variable apoyo público – todas ellas explicaciones habituales que los defensores del vuelo espacial ofrecen para la falta de viajes humanos durante la última generación a cualquier lugar más allá de la órbita baja de la Tierra. En lugar de esto, el problema es la propia vida, específicamente, la tenacidad de los microbios de la Tierra, y la potencial fragilidad de los marcianos. Resulta que la forma más fácil de encontrar vida en Marte podría ser importando bacterias desde Cabo Cañaveral — la contaminación que podría sabotear la búsqueda de los nativos de Marte. La necesidad de proteger cualquier posible biosfera marciana de la contaminación terrrestre, escriben los autores de la revisión, podría “evitar que los humanos aterrizasen o entrasen en áreas” donde podría medrar la vida marciana. Aunque esta opinión no es nueva, su reconocimiento sincero y formal en un estudio tan acreditado es muy raro. La NASA está planeando enviar humanos a Marte para la década de 2030; que tales misiones pueden, inevitablemente, suponer un riesgo extremo de contaminación es algo que, comprensiblemente, la agencia no está ansiosa por destacar, incluso aunque investiga activamente posibles soluciones al problema.

Históricamente, en el contexto de Marte, dicha “protección planetaria” ha tenido en cuenta principalmente a la exploración robótica. El riesgo de contaminación es un problema incluso para las máquinas, las cuales, al contrario que los humanos, pueden sobrevivir a la radiación y ser bañadas en hostiles compuestos químicos antes del lanzamiento para erradicar a las bacterias que viajan como polizones. Los microbios que testarudamente se niegan a morir, sin embargo, aparecen con regularidad en las salas supuestamente estériles para preparar la nave interplanetaria. Los astronautas de las misiones Apolo encontraron bacterias en la Luna que habían sobrevivido a un vacío casi total dentro del aterrizador robótico Surveyor 3, que había alunizado más de dos años y medio antes. Si los microbios terrestres pueden vivir en lugares como ése, ¿por qué no en algunas de las partes más habitables de Marte?

El Tratado sobre el Espacio Exterior de las Naciones Unidas de 1967, prohíbe la “contaminación dañina” de otros mundos por parte de la biología terrestre, y una organización internacional llamada COSPAR (Comité para Investigación del Espacio) fija los protocolos de protección planetaria a seguir para Estados Unidos, Europa, Rusia, y otras naciones de referencia en el espacio. Para proteger a Marte, COSPAR ha designado desde 2002 unas “Regiones Especiales” restringidas en el planeta, donde las condiciones son lo bastante húmedas y cálidas como para tener alguna posibilidad de dar soporte a vida marciana, o para permitir que los invasores de la Tierra logren un asidero. Dado el rápido progreso actual de nuestro conocimiento del entorno marciano, y los límites fundamentales de la biología terrestre, la definición precisa de las Regiones Especiales sigue siendo un trabajo en proceso que se revisa oficialmente cada dos años. La nueva revisión conjunta, publicada la semana pasada, recomienda la revisión de los hallazgos de un informe de 2014 sobre las Regiones Especiales de COSPAR por parte del Grupo de Análisis del Programa de Exploración de Marte de la NASA.

Cuanto más de cerca miran los científicos planetarios a Marte, más Regiones Especiales creen ver. Las Regiones Especiales salpican el ecuador del planeta y las latitudes medias, en barrancos erosionados y en inclinadas y rocosas laderas de colinas y cráteres, donde nuevas pruebas publicadas el 28 de septiembre en Nature Geoscience indican que podría haber flujos de agua salada y piscinas durante el verano marciano. Las Regiones Especiales también pueden hallarse en grutas, bajo los casquetes polares, y en puntos calientes geotermales de actividad sísmica o volcánica. Apenas a cinco metros bajo la superficie, donde el agua subterránea puede persistir en forma de hielo, vastas áreas del planeta podrían considerarse como Regiones Especiales, esperando ser transformadas en un Edén microbiano de agua por el calor de los cráteres de impacto de reciente formación, o por las operaciones de las recién llegadas naves. Las Regiones Especiales también deberían existir, según apunta la revisión, en las fuentes aún desconocidas de las misteriosas emisiones de metano recientemente detectadas en Marte. En la Tierra, principalmente está generado por microbios, pero cantidades detectables del gas también podrían surgir en Marte a partir de fuentes abióticas, aunque esas rutas de producción sin necesidad de vida también requieren agua líquida.

Pero saber con certeza si alguno de esos lugares es realmente especial, probablemente requerirá de una visita, algo que es muy difícil de hacer bajo los actuales protocolos. Antes de que una nave pueda visitar una Región Especial debe ser esterilizada en parte o totalmente de acuerdo con reglas estrictas, sumando potencialmente años de tiempo de desarrollo, y muchos millones de dólares a la misión. Incluso así, los protocolos puede que no sean lo bastante estrictos, las actuales técnicas son incapaces de limpiar por completo una nave de microbios, y nadie sabe con certeza las condiciones para que las bacterias creen colonias viables automantenidas en Marte – o en la Tierra, ya puestos.

La primera, y por el momento única, misión de la agencia a Marte explícitamente en busca de vida fueron los aterrizadores Viking, que llegaron al Planeta Rojo en 1976. Desde entonces, todas las demás se han centrado en buscar signos de vida en el pasado de Marte en lugar de en el presente. Incluso si no podemos confiar en que robots esterilizados se internen en las Regiones Especiales, ¿qué hay de los humanos plagados de microbios? Si a los astronautas sólo se les permite visitar zonas poco prometedoras en la búsqueda de vida en Marte, ¿puede la NASA, o alguna otra entidad, justificar las decenas o centenas de miles de millones de dólares dólares que requiere enviarlos allí? Si una tripulación humana aterriza en un área que se cree que es poco prometedora para la biología, pero descubre que es habitable, o incluso vida, ¿deberían salir de allí inmediatamente, o incluso subir de nuevo a su cohete y volver a la órbita? Éstas y otras preguntas sin respuesta demuestran de cuántas formas descubrir una biosfera marciana actual podría ser tanto el mejor sueño de la NASA, como su peor pesadilla. Explican, como nadie más puede hacer, el de otro modo inexplicable hecho de que en la búsqueda de vida extraterrestre en Marte de la NASA haya, juiciosamente, evitado los lugares donde es más probable encontrarla.

Carl Sagan dijo una vez, en una cita que se ha hecho famosa, que si alguna vez se encuentra vida en la cuarta roca contando desde el Sol, “entonces Marte pertenece a los marcianos, incluso si los marcianos son sólo microbios”. En esta visión, el planeta se convertiría en un sacrosanto santuario, fuera de los límites humanos para siempre. Una perspectiva alternativa sostiene que los esfuerzos de protección planetaria son inútiles, tal vez incluso ingenuos: gracias a la probable contaminación de anteriores naves, así como antiguos intercambios de material entre planetas debido a masivos impactos de asteroides, Marte probablemente ya ha experimentado muchas oleadas de invasores terrestres, cada una de las cuales podría haber sido repelida por alguna biosfera nativa mejor adaptada.

Entre toda la incertidumbre, según señala la nueva revisión, una cosa está clara: “Las implicaciones para la protección planetaria de enviar astronautas a Marte genera profundas preguntas en la intersección de la ciencia, la ingeniería, la tecnología, la gestión de proyectos, y la política pública”. El verdadero significado de la frase para la NASA y otras agencias espaciales debería ser igualmente claro: aunque inconvenientes, los problemas de protección planetaria asociados a las misiones tripuladas a Marte son demasiado graves para para ser descartados, evitados, o minimizados. Es el momento de empezar a abordarlos. De otro modo, los viajes humanos allí podrían, en el mejor caso, demostrar ser imposibles y en el peor, ser unos fiascos que extingan para siempre las esperanzas de estudiar ejemplos puros de la vida de Marte.

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