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Artículo publicado el 28 de agosto de 2015 en la Universidad de Bristol

Todo el mundo está entusiasmado por los descubrimientos de nuevos dinosaurios, o por alguna nueva especie fósil. Pero una pregunta clave para los paleontólogos es: “¿cómo de bueno es el registro fósil?” ¿Conocemos el cincuenta por ciento de las especies de dinosaurios que han existido, o el noventa por ciento, o menos del uno por ciento? Y, ¿cómo podemos saberlo?

Archaeopteryx

Archaeopteryx

Todo depende de cómo leamos el registro fósil, la suma total de todos los fósiles en rocas y museos. En un nuevo estudio, el Profesor Mike Benton de la Universidad de Bristol, ha explorado cómo se ha acumulado el conocimiento sobre los dinosaurios en los últimos 200 años, desde que se puso nombre al primer dinosaurio en 1824. Su investigación no zanja la pregunta, pero sugiere que se necesita una fuerte cautela sobre algunos métodos habituales para “corregir” el registro fósil.

El Profesor Benton dice que: “En los últimos diez años, muchos paleontólogos han tratado de encontrar el verdadero patrón de la evolución usando medidas de muestreo para estimar si tenemos una buena o mala comprensión del registro fósil. Pero resulta que muchos de estos métodos comunes no hacen lo que se supone que deberían”.

El Profesor Benton reconstruyó año a año, a través de la historia de la investigación con dinosaurios, desde 1820 a 2015, cómo han descubierto los paleontólogos nuevas especies de dinosaurios, y cómo encajan los patrones de descubrimiento con los patrones de nuevas formaciones geológicas. De hecho, los patrones de descubrimiento están estrechamente vinculados: uno o dos nuevos dinosaurios por cada formación geológica que contiene fósiles que se explora por primera vez.

Este estrecho vínculo ha sido explicado de dos formas: o las rocas dirigen los fósiles, o los fósiles dirigen las rocas. La visión aceptada es que las rocas dirigen los fósiles: los paleontólogos estaban ansiosos por encontrar nuevos dinosaurios, pero sólo podían hacerlo si miraban nuevas rocas en una nueva parte del mundo. Por tanto, podría decirse que la disponibilidad de rocas apropiadas sesga nuestro conocimiento de los dinosaurios (o de cualquier otro grupo fósil).

La visión opuesta es que los fósiles dirigen las rocas, y que los paleontólogos normalmente salen a buscar dinosaurios de una forma muy focalizada, y cuando los encuentran a menudo añaden una nueva formación que contiene dinosaurios a la lista. En este caso, el factor limitante no sólo es la roca, dado que los paleontólogos no buscan regular e igualmente por todo el terreno, sino que van directos a los puntos donde han oído que hay huesos por descubrir.

“Durante algún tiempo me ha preocupado que algunos de los métodos de corrección más populares realmente estén empeorando las cosas”, comenta el Profesor Benton. “Al eliminar la señal numérica de las formaciones, localidades, o colecciones, realmente están eliminando una enorme cantidad de información real, y produciendo una curva resultante que carece de sentido.

“El registro fósil está claramente incompleto, y totalmente sesgado por muchos factores, pero muchas de las curvas de diversidad supuestamente ‘corregidas’ que hemos visto recientemente pueden en realidad estar más alejadas de la realidad que los datos brutos”.

El nuevo trabajo no responde a la pregunta de si conocemos el 50 o el 1 por ciento de las especies de dinosaurios, pero proporciona una visión más clara de por qué existe tal correlación entre especies de dinosaurios y formaciones, localidades o colecciones. Estas cifras están conectadas debido a que nos cuentan la misma historia, y miden el mismo conocimiento. No es posible separar unas de otras y luego tratar de usarlas como una vara de medida independiente.

Artículo de referencia: ‘Palaeodiversity and formation counts: redundancy or bias?’ by Mike Benton in Palaeontology(doi: 10.1111/pala.12191).

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