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Artículo publicado por Laurie Zoloth el 31 de agosto de 2015 en Cosmos Magazine

¿Cómo decidir si poner la vida humana en riesgo es lo correcto?

Para los exploradores del siglo XXI, Marte tendría que ser el destino de viaje prioritario. Si eres uno de ellos, podrías probar fortuna con Mars One, una misión de patrocinio privado para colonizar Marte liderada por el emprendedor holandés Bars Landsorp.

Si eres seleccionado, te embarcarás en un viaje de sólo ida de siete meses. Los primeros cuatro voluntarios humanos tienen fijada su fecha de lanzamiento para 2026, con la esperanza de establecer una colonia. Científicos, ingenieros, y otros miembros de la industria espacial dicen que la misión no es factible. Pero de la ética de la misión es de lo que voy a hablar aquí.

La conquista de Marte

La colonización de Marte

Hace unos años estaba entre un grupo de bioéticos a los que se pidió que evaluasen la moralidad de enviar humanos al espacio durante periodos de meses o años.

En ese momento, la NASA estaba considerando la idea de enviar astronautas a Marte sin un modo real de organizar un vuelo de vuelta. (Desde entonces, la NASA ha desarrollado planes para un viaje a Marte de tres años con retorno en 2035).

Le dije a la NASA que la exploración en situaciones de terrible y serio riesgo no era algo nuevo.

Preguntar si el vuelo espacial de larga duración es ético es hacer la misma pregunta que el inglés Robert Falcon Scott debería haberse hecho antes de formar su condenada misión al Polo Sur. ¿Cuáles son las restricciones técnicas y qué hace falta inventar? ¿Qué preparación es necesaria y cuál es su coste? ¿Qué información es necesaria para que la tripulación dé su consentimiento?

La historia nos dice que Scott llegó al Polo un mes más tarde de que Roald Amundsen lo reclamase para Noruega. Scott falleció con toda su compañía en el camino de vuelta a casa. Tenía una pésima preparación, llevando, por ejemplo, aceitunas francesas, mermelada de frambuesa y guantes inadecuados. Amundsen, por el contrario, aprendió habilidades de supervivencia de los habitantes del Ártico antes de formar su expedición. El ejemplo de Scott nos enseña que el valor no es suficiente: una preparación realista es crucial.

Los riesgos de un vuelo espacial humano de larga distancia se conocen desde hace años. En 2002 un comité de la NASA realizó una lista. Incluyeron en la misma los peligros letales procedentes de la radiación espacial; la posibilidad de que la tripulación saboteara la misión, basándose en estudios de comunidades aisladas y los problemas psicosociales que pueden surgir; los riesgos fisiológicos, incluyendo la pérdida muscular y ósea en microgravedad; y los riesgos médicos, incluyendo la dificultad de tratar heridas y enfermedades en el espacio. Varios años más tarde, permanecen todos estos factores.

Canadienses, japoneses y la Unión Europea llevaron a cabo estudios propios y alcanzaron las mismas conclusiones. El espacio es el entorno más hostil posible para los humanos, peor que las cualquier condición que podamos encontrar en ningún lugar del planeta. Además, es clave señalar que se desconoce más de lo que se sabe sobre los desafíos físicos y mentales del viaje espacial.

Evaluar el riesgo en una situación de completo desconocimiento es complejo. A la vista de esta incertidumbre, los analistas de riegos han propuesto el concepto de RABA (Risk Associated with the Best Alternative – Riesgo Asociado con la Mejor Alternativa). Un mal resultado de la mejor alternativa considerada podría ser más fácil de aceptar que lanzarse, como Scott, sin evaluar adecuadamente los riesgos. Pero hay límites a los argumentos racionales sobre los riesgos de la colonización espacial: no sabemos lo que no sabemos.

Entonces, ¿qué hace que el riesgo sea ético? Históricamente ha sido una cosa: el consentimiento. Las consideraciones éticas cambian si pensamos en la tripulación como en personal militar. Esperamos de los soldados que se enfrenten a un riesgo considerable. Y piensa en los pioneros que viajaron a lugares remotos y desolados sin idea de retornar.

Entonces, ¿qué consejo di a la NASA? Explorar el espacio es una empresa asombrosa, pero tiene que hacerse a un coste asombroso. El proceso tiene que proteger a los astronautas todo lo posible. La misión debe hacerse públicamente por razones pacíficas, por gente libre, con unos resultados que sean de dominio público.

Pero antes de que nos embarquemos, necesitamos un debate público de gran alcance sobre qué significa para nosotros el viaje espacial, y qué estamos dispuestos a sacrificar por él.

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