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El pasado 27 de enero Tiago Campante, investigador en la Universidad de Birmingham, y sus colaboradores, publicaron en la revista The Astrophysical Journal un interesante estudio sobre el descubrimiento de 5 planetas orbitando la estrella Kepler-444. Hoy vamos a analizar un poco este descubrimiento, y su importancia dentro de los campos de la astronomía y la astrobiología.
Sistema Kepler-444

¿Qué es un exoplaneta?

Un exoplaneta, como sabrán los aficionados al mundillo, es un planeta que orbita una estrella distinta al Sol. La búsqueda de exoplanetas es una ciencia relativamente joven; apenas han pasado 20 años desde el descubrimiento de 51 Pegasi b, el primer exoplaneta confirmado y, en este corto periodo de tiempo, ha sido una de las áreas de la astronomía con mayor avance.

Desde entonces, gracias a los avances en las técnicas y tecnologías empleadas, el número de exoplanetas confirmados hasta el momento ha superado el millar, y sigue aumentando constantemente.

El estudio de los exoplanetas no sólo nos permite conocer el origen y evolución de nuestro propio sistema y mejorar nuestros modelos de formación de sistemas planetarios, si no que es de gran interés en el área de la astrobiología, el estudio de posible vida fuera de nuestro planeta.

Tras esta breve disertación, vamos con el descubrimiento que nos ocupa en el artículo.

Kepler-444

Cuando se analiza un nuevo sistema planetario, lo primero es ver dónde se ubica. La estrella alrededor de la que orbitan estos planetas de reciente descubrimiento es Kepler-444, situada en la constelación Lyra, a unos 117 años luz de la Tierra, relativamente cerca en términos astronómicos.

Kepler-444 tiene una antigüedad de unos 11 200 millones de años, casi el triple que nuestro Sol, que se estima que se formó hace 4600 millones de años, por lo que se formó junto con su sistema de planetas apenas 2500 millones de años tras el Big Bang.

Tipo Espectral de estrellas

Su tipo espectral es K0, es decir, una estrella algo más fría y roja que nuestro Sol, que es de tipo espectral G2, pero bastante similar en tamaño y temperatura.

Alrededor de ella se han detectado 5 exoplanetas con unas características particulares: todos son rocosos, de un tamaño no superior al de Venus, y orbitan muy cerca de su estrella. El planeta más cercano se ubica a apenas 0,04 UA y orbita a su estrella en sólo tres días terrestres, mientras que el más lejano se sitúa a 0,08 UA y su año dura diez días terrestres.

La zona habitable

Una aspecto muy a tener en cuenta cuando se estudia una estrella es lo que se conoce como zona de habitabilidad, o zona “Ricitos de Oro”, por el famoso cuento. Dicha franja es aquella que se encuentra lo bastante alejada de su estrella como para no sufrir un calor y radiación extremos, pero no tan lejana como para que el frío impida tener agua líquida en su superficie.

El estudio de la vida en la Tierra nos ha llevado a descubrir vida en lugares inhóspitos, totalmente hostiles, y donde se pensaba que no podría medrar ninguna forma de vida. Pese a que el estudio de estos seres que moran en ambientes extremos, conocidos como extremófilos, ha empujado las fronteras de la vida a límites insospechados, parece claro que siguen existiendo límites para la formación y progresión de la vida, y uno de ellos es la existencia de agua en estado líquido.

Para Kepler-444 se estima que su zona habitable se encontraría alrededor de los 0,47 UA. Por desgracia, estos nuevos planetas están situados a apenas una quinta parte de la distancia de Mercurio al Sol, el planeta más cercano a nuestra estrella, por lo que se encuentran totalmente abrasados y bañados por radiación letal. Pese a la similitud de la estrella, composición de los planetas, y tamaño, resulta totalmente imposible que se haya podido desarrollar vida en estos planetas.

Entonces, ¿cuál es la importancia?

Si no hay ninguna posibilidad de vida, ¿qué gracia tiene el descubrimiento? No son más que cinco pedruscos achicharrados dando vueltas alrededor de una estrella normalita, ¿no?

La importancia del hallazgo está en la edad estimada para la estrella. Usando una técnica conocida como astrosismología, el análisis de los “terremotos” que se producen en la estrella, se puede obtener mucha información valiosa sobre su estructura, composición, edad, etc. Analizando esta información, se estima una edad de 11 200 millones de años para dicha estrella. Vale, es una estrella muy vieja, ¿y qué?

En el inicio del universo se crearon, principalmente, los elementos más ligeros, el hidrógeno y el helio, así como trazas de otros elementos más pesados, pero eran residuales. Los elementos que nos resultan comunes, como el oxígeno, el carbono, el hierro y demás elementos que nos forman a nosotros y nuestro entorno, no se crearon hasta mucho después. En un proceso denominado nucleosíntesis estelar, las estrellas van fusionando átomos ligeros para formar otros más pesados, y de ahí obtienen la energía que las hace brillar.

Una vez terminan su vida, las estrellas más masivas estallan en lo que se conoce como supernova, generando los elementos más pesados, y esparciéndolos por su entorno, permitiendo que estos elementos formen otras estrellas y planetas.

Bien, partimos de un universo que sólo tiene hidrógeno y helio, y necesitamos de la intervención de las estrellas para crear elementos más pesados. Sin embargo, según las pruebas, hace 11.200 millones de años ya teníamos un sistema de planetas rocosos, y con un tamaño similar al de la Tierra, alrededor de una estrella bastante parecida al Sol. No sólo eso, el año pasado se descubrió un sistema similar alrededor de la estrella Kapteyn con una edad similar al actual y dos supertierras orbitándola, y otro un poco más joven (unos 10.000 millones de años), alrededor de Kepler-10 con mundos rocosos a su alrededor. Parece ser que los planetas rocosos del tamaño de la Tierra eran mucho más comunes en esa etapa del universo de lo que se podría pensar a partir de la abundancia de materiales disponibles.

Esto tiene una implicación directa en el campo de la astrobiología. Si ya existían planetas con el tamaño y composición adecuados para formar la vida hace 11 200 millones de años, mucho antes de lo que se pensaba, esto quiere decir que tenemos mucho más tiempo y sistemas para que alguno de ellos pudiera haber desarrollado vida.

Fascinante pensamiento, sin duda.

Enlaces de interés:

https://earthsky.org/space/astronomers-discover-earth-sized-planets-forming-near-start-of-universe
http://www.mpg.de/8916263/exoplanets-kepler-444
http://angelrls.blogalia.com//historias/75262
http://arxiv.org/abs/1501.06227
http://www.skyandtelescope.com/astronomy-news/ancient-five-exoplanet-system-found-0129201523/
http://news.yale.edu/2015/01/27/astronomers-discover-replica-solar-system

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