He estado descargando una buena cantidad de libros últimamente en mi nuevo Kindle, debido a que realmente disfruto con la idea de andar por el metro portando una discreta, muy ligera aunque increíblemente grande biblioteca conmigo. Uno de esos libros es “Philosophy of Science: A Very Short Introduction (Filosofía de la Ciencia: Una brevísima introducción)” de Samir Okasha ,el cual estoy leyendo debido a que intento revisarlo y promocionarlo. Samir escribe de forma muy clara, y su breve introducción es muy útil para el lector curioso general (y, francamente, algunos científicos conocidos míos podrían usarlo también).

En cualquier caso, Samir dedica bastante espacio en el capítulo 2 de su libro al problema de la inducción de Hume, el cual es fundamental para nuestra comprensión de cómo funciona la ciencia, en realidad, el razonamiento en general. Parece el tipo de cosas con las que los lectores de este blog disfrutan al hincarle el diente, con lo que aquí vamos.

El propio problema es bien conocido: la inducción es el tipo más común de razonamiento que usamos todos (el otro tipo básico, la deducción, se usa mayormente dentro de la lógica formal y las matemáticas), y consiste en la generalización de una serie de observaciones. Por lo que cuando decimos, por ejemplo, que confiamos en que el Sol saldrá mañana, esto no se debe a que tengamos una prueba lógica de que no pueda ser de otra forma, sino a que lo hemos visto elevarse cada día y no hay ninguna razón para pensar que mañana no sucederá así.

Como apunta Okasha, literalmente basamos nuestras vidas en este tipo de razonamiento inductivo, por ejemplo cada vez que apostamos a que un coche girará a la izquierda cuando giramos el volante en sentido anti-horario. (De todas formas, esto no te llevará a hacer la afirmación de que esperas que el Sol salga o que las ruedas giren debido a que comprendes el mecanismo: tu comprensión del mecanismo se basa a sí mismo en una serie de inducciones, no significa que exista una necesidad lógica de que el Sistema Solar o los vehículos funcionen de la forma particular en que lo hacen).

El problema es que, de acuerdo con Hume, ¡no existe una justificación racional para la inducción! Ya ves, si te preguntasen por qué se usa el razonamiento inductivo, muy posiblemente la mejor respuesta que puedes dar es responder que ha funcionado en el pasado. Lo cual es un argumento basado en la inducción. Lo cual significa que están en una petición de principio, en términos filosóficos, atrapado en un razonamiento circular.

Este puede parecer otro ejemplo más de los filósofos atrapados en sus masturbaciones mentales, pero cuanto más piensas sobre ello, más crece dentro de ti el problema de Hume, y se hace perturbador. Citando a Okasha: “Si Hume está en lo cierto, las bases sobre las que está construida la ciencia no parecen tal sólidos como podríamos haber deseado”. Ups.

Se han propuesto distintas formas de resolver el dilema de Hume, ninguno de ellos particularmente exitoso. Me gustaría discutir brevemente aquí la idea – presentada por Okasha en algún detalle – de que el concepto de probabilidad podría rescatar a la ciencia y la razón del problema de la inducción. Sería algo como esto: concedemos que la inducción (al contrario que la deducción) no garantiza la verdad. Tal vez, no obstante, podemos expresar de otro modo lo que la inducción nos permite hacer en términos de afirmaciones probables. Es decir, realmente no significa que sabemos que el Sol saldrá mañana, o que el coche girará hacia la izquierda. Queremos decir que, basándonos en la experiencia pasada, creemos que existe una alta probabilidad de que esos eventos sucedan en el futuro de nuevo. (A propósito, dado que la deducción no garantiza la verdad, ¿por qué no usar esta en su lugar? Debido a que el razonamiento deductivo tiene que empezar con dos o más premisas, y al menos una de esas premisas llega a través de la experiencia, no de principios básicos. Lo cual significa que incluso la propia deducción tiene que depender de la inducción, en algún punto u otro. El misterio se hace más profundo…)

Ahora, el problema es que los filósofos han apuntado que hay al menos tres conceptos de probabilidad, por lo que tenemos que ver cuál, si es que alguno, de ellos será de ayuda para disipar el fantasma de Hume. La primera forma de pensar en la probabilidad es como una medida de la frecuencia de un evento: Si digo que la probabilidad de que una moneda caiga sobre cara es del 50% quiero decir que, si lanzo la moneda 100 veces, de media obtendré cara 50 veces. Esto no nos saca del problema de Hume, debido a que las probabilidades interpretadas como frecuencias de eventos son, de nuevo, una forma de inducción –generalizamos a partir de un rango de eventos más amplio en lugar de todos los eventos posibles, pero el tipo de razonamiento es el mismo.

Segundo, podemos pensar en las probabilidades como el reflejo de un juicio subjetivo. Si digo que es probable que la moneda caiga de cara, simplemente podría expresar mi deseo de que ese sea el caso. Podrías tener un deseo distinto, y responder que no creas que eso sea probable. Esta ciertamente no es una solución viable al problema de la inducción, debido a que las probabilidades subjetivas son, bueno, subjetivas, y por tanto reflejan una opinión no grados de verdad.

Por último, se puede adoptar lo que Okasha llama la interpretación lógica de las probabilidades, de acuerdo a lo cual el que exista una probabilidad X de que un evento ocurra significa que tenemos razones objetivas para creer (o no) que X sucederá (por ejemplo, debido a que conocemos la física del Sistema Solar, la mecánica del vehículo, o la física de la moneda lanzada al aire). Esto no significa que siempre estemos en lo correcto, pero ofrece una prometedora salida al dilema de Hume, dado que parece que asentamos nuestros juicios en unas bases más sólidas. De esta forma, esta es la opción adoptada por muchos filósofos, y sería la que probablemente preferirían los científicos, si es que dedican algún momento de pensamiento a este tipo de cosas. (Los expertos estadísticos de entre vosotros habréis notado que esta idea de probabilidad no es la estándar frecuentemente común en el análisis estadístico clásico, sino más similar a la probabilidad de los métodos bayesianos).

Okasha advierte a sus lectores, no obstante, sobre que incluso la interpretación lógica de las probabilidades cae en problemas tanto matemáticos como filosóficos, pero eso lo dejaremos para otro momento. Permitidme concluir con otra cita del libro de Samir, la cual encapsula para mi el punto central del análisis filosófico: “Como la mayor parte de las cuestiones filosóficas, estas cuestiones probablemente no admiten una respuesta final, pero al abordarlas aprendemos mucho sobre la naturaleza y límites del conocimiento científico”. Así es.



Autor: Massimo Pigliucci
Fecha Original: 7 de marzo de 2009
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